jueves, 8 de abril de 2010

Laos sin la S

Laos se pronuncia Lao, sin la s al final, o por lo menos así lo pronuncian sus habitantes. Un país que ha sido el títere de todos los vecinos cercanos y lejanos y por su pacifica actitud no ha tenido los devastadores y sangrientos resultados que los desafortunados compañeros de alrededor. La gente es super amable y su forma de ser relajada hace que no posean el mismo nivel de codicia que los tailandeses o los vietnamitas, haciendo que poco a poco el alma veloz del viajero tome un ritmo agradablemente lento, por ejemplo, la velocidad a la que manejan las motocicletas es adormecedora, en una tienda el dueño estaba cerrando y me mando a una tienda más lejana porque él quería ver televisión, muchas veces las tiendas estaban sin nadie que las atendiera y luego de saludar varias veces y casi meterse en la casa se encontraba a los dueños tomando una siesta. El hecho de tener una población bien pequeña para los estándares asiáticos y que la mayoría de la gente vive en el campo hace que la carrera de ratas(rat race) no haya llegado a este lugar y tardará mucho en llegar. El solo pensar en comer arroz pegajoso (arroz especial de Laos) y saborear un par de botellas de beer Lao le da cierto chispazo a mi corazón.

LO MEJOR

Vang Vieng, esta montaña rusa de emociones y recuerdos no tiene comparación.

LO BUENO

La cueva de Kong Lo, un viaje a otro planeta.

Vientiane, generalmente los mochileros se quedan allí solo una noche en su camino a Vang Vieng, pero con paciencia se pueden encontrar los encantos de esta “ciudad” capital.

Compartir un par de días la rutina diaria de los Hmong

LO MALO

la indiferencia de los conductores de tuk tuk al importarles solo el dinero cuando la chica inconsciente por envenenamiento alcohólico necesitaba ayuda médica.

Las estaciones de bus que estrategicamente están ubicadas a varios kilómetros fuera de las ciudades obligando al viajero a pagar por tuk tuks .

El hecho de que después de salir de Laos, casi no puedo deshacerme de un buen fajo de dinero que olvide cambiar antes de salir. Nadie quiere comprar Lao Kip.

miércoles, 7 de abril de 2010

Entre los Hmong

Luego de otro largo y montañoso bus hacia Luang Prabang llegamos a otra de las fastidiosas estaciones de bus ubicadas estrategicamente 8 km fuera de los pueblos para con eso la mafia del tuk tuk toma ventaja del agobiado pasajero.

Luang Prabang es otra de estas hermosísimas ciudades protegidas por la Unesco por su maravillosa mezcla de arquitectura colonial francesa mezclada con templos budistas. Luang Prabang fue el lugar perfecto para pasar el luto de la nostalgia de Vang Vieng, dando paseos por sus calles tranquilas, probando su interesante y exótica cocina y admirando los innumerables templos. Uno de ellos es famoso por tener gran cantidad de mosaicos de diferentes vidrios reflectores creando paisajes budistas inexplicables, algún día me pondré en la misión de entender más sobre el budismo, sus distintas ramas y los significados de las distintas figuras y pinturas que se encuentran regadas por toda Asia.

Aquí van algunas fotos, del mercado nocturno:

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De los templos, esta me gusta porque parece que los budas están tratando de ver por encima del otro:

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Gente jugando petanque:

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Luang Prabang al igual que el resto de Laos es un lugar tranquilo, donde la vida parece morir a las 10 de la noche, luego me entere que esto ocurre debido a que legalmente nadie esta autorizado a estar fuera de casa después de la media noche. Supongo Vang Vieng es la excepción por medio de propinas dadas a las autoridades, nadie quiere que esa minita de oro se acabe.

Un día le pegamos un vistazo a unas cascadas de color turquesa, en donde se generaban piscinas naturales y no cabe duda en decirlo saltamos y nos divertimos tremendamente. Allí también esta un orfanato de osos, que da para uno que otro suspiro al ver estos animales tan agraciados comiendo y jugando en su hogar adoptivo.

IMG_1384 IMG_1381 Los siguientes días en Luang Prabang los pasamos divagando por más templos, librerías, leyendo y refrescandonos con los locales en el río. Uno de estos días visitamos un restaurante llamado Tamarind cuyos dueños una pareja Lao-Australiana les gusta experimentar con los ingredientes asiáticos generando platos de sabor diverso y exquisito.

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También nos unimos a la horda de farang y un día nos levantamos a las 5.30 am para ver a los monjes budistas caminar por la ciudad con recipientes en donde colectan arroz y donaciones de comida. Aparentemente ahora el ritual esta perdiendo su esencia ya que las donaciones son sacrificios por las personas que se levantan super temprano para cocinar y darle comida a los monjes. Ahora vendedores avispados vieron que el farang quiere sentirse iluminado al darle una ofrenda al monje mientras una foto es tomada. Aparentemente han habido casos de que la comida comprada esta pasada haciendo que los religiosos sufran de dolores estomacales.

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Otro tortuoso y largo bus hacia el norte de Laos en el pueblo de Luang Nam Tha donde pasamos una noche para el siguiente día tomar un apretado mini bus hacia la aldea de Muang Sing. Este lugar queda muy cerca de la frontera con China y tristemente los cielos se veían como en China, nublados con la capa invisible que cubre el sol, lo cual no fue del todo negativo porque nos dio un respiro del calor a veces insoportable.

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La idea de ir hasta Muang Sing era para poder ver algunas comunidades étnicas en esta zona y aprender más sobre ellas. Para ello nos levantamos un día bien temprano y fuimos al mercado local con la decepción de que la gente ya no usa sus vestidos tradicionales frecuentemente.

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Decidimos unirnos a un grupo de tres danesas e ir a la aldea de un guía turista y pasar un par de días allí. El nos alojó en su casa y nos dejo en manos de su familia en donde varios de sus hermanos tienen un nivel de inglés suficiente para llevar conversaciones básicas. Este grupo étnico se llama Hmong y su comida y creencias son muy distintas a la gente de Laos. Por ejemplo, no practican budismo sino que son animistas, creen en los espíritus de sus antepasados y tienen diversas celebraciones cuando un familiar fallece, entre ellas siempre debe haber alguien velando al muerto por varios días y para asegurarse que nadie se duerma juegan cartas.

Entre todos los familiares se turnaban para acompañarnos a dar paseos por la aldea, en donde por casualidad nos topamos a la hora del recreo de la escuela y terminamos dando una mini clase de matemáticas e inglés. También visitamos el templo budista local (aunque note que el hermano de nuestro guía se sentía un poco incómodo al entrar allí).

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Entre las actividades que tenían preparadas para nosotros era ayudar a dictar una clase de inglés en una escuela que el guía dirige por las noches, era muy curioso ver el fervor y el ánimo con el que todos estos chicos quieren aprender este idioma que puede significar tener una vida un poco menos dura en el futuro, o esa es la ilusión.

Después de una noche en la que me toco compartir cama con el hermano de nuestro guía (vergonzosamente no recuerdo el nombre de nadie en esta familia) fuimos en la mañana a “ayudar” con una plantación de árboles de caucho. La idea era quitarle las ramas que estaban naciendo dejando solo las tres más grandes para que el árbol crezca más alto. Siempre que pienso en tener que pagar para “trabajar” en una finca pienso en que mi abuelo me diría que puedo trabajar en la suya gratis!!

También le pegamos una visita a una aldea de otro grupo étnico llamado Akha que tienen costumbres más complicadas que los Hmong. Entre ellas la repugnante tradición de que si una mujer da a luz un par de gemelos, la mujer debe matar a las criaturas y vivir lejos de la aldea por un tiempo mientras el shaman de la tribu decida que puede regresar. Afortunadamente esta sádica costumbre esta desapareciendo gracias a la labor del gobierno de Laos que esta tratando de persuadir a la minorías étnicas para que se adapten a la sociedad moderna.

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Después de la interesantísima y enriquecedora estadía con los Hmong partimos de regreso a Luang Nam Tha y de allí continuamos hacia el borde con Tailandia, eso si tomando una buena dosis de buses incómodos y tediosos.

De regreso en Tailandia tuve una sensación de alegría enorme, tal vez porque de cierta forma ya se como moverme allí, como funcionan las cosas, encontrar los siempre disponibles supermercados 7-11 con aire acondicionad, al igual que el lado oscuro de Tailandia, el sobre turismo y la motivación codiciosa de los Thais.

Pasamos dos día en la ciudad de Chiang Rai que terminó siendo uno de mis lugares favoritos en Tailandia, fue el lugar ideal para descansar de tanto viaje en bus, tener gran variedad de comida, conexión de internet decente y realizar labores domésticas como escribir este blog, corte de pelo y otras compras. Allí también terminé de leer el magnifico libro llamado Papillon que me traía recuerdos de mi niñez cuando mi tía me hablaba de su juventud y de lo mucho que le gustaba este libro. Al igual me hizo recordar a un buen amigo francés que tiene una forma de ser muy similar a Papillon, directo, recursivo y muy muy amigable.

Cansados de tanto viaje por tierra y dándonos un poco de lujo porque lo que vendrá sera aún más retador tomamos un vuelo hasta Bangkok, vuelo que casi perdemos por quedarnos dormidos pero logramos hacer check in 1 minuto antes de la hora limite.

Contrario a lo que tenía planeado termine durmiendo en la infame área de Khao San Road, pero no importa es solo por una noche porque al día siguiente el camino sera en Birmania.

viernes, 2 de abril de 2010

In the Tubing, Vang Vieng

Desde que empece el recorrido por el sur este asiático observe innumerables mochileros usando una camiseta que decía In the Tubing, Vang Vieng. Yo tenía una idea medio clara de que era este lugar. En alguna aldea en Laos, al lado del río se puede alquilar un tubo neumático inflado y se puede ir río abajo tropezándose con uno que otro bar que ofrece alcohol y columpios para añadirle a la diversión. Lógicamente no me iba a perder de este lugar tan sutilmente promocionado.

El pueblo de Vang Vieng no era más que una parada entre Luang Prabang y Vientiane hasta que algún chiflado pensó en la idea de poner los tubos y los bares y los columpios y de allí nació este nido de mochileros que aún sigue siendo un pueblito no muy grande pero que atrae cientos de personas haciéndolas perder noción del tiempo y del espacio (literalmente) y que causa cierta depresión cuando al final se tiene el suficiente coraje de dejar este lugar con muy buenas y muy malas experiencias.

Personalmente pase 11 días allí en una montaña rusa de emociones que no olvidaré en mi vida. Aquí va un recuento de esos conmemorables días en ningún orden en particular.

Por su tamaño y sensación de lejanía Vang Vieng es el lugar perfecto para olvidarse del mundo real, y revivir el mundo en donde los farang se comportan de formas inesperadas en este paraíso de calor, alcohol, fiesta, química y precios razonables. Vang Vieng posee una serie de restaurantes en donde los últimos años han estado poniendo los capítulos de friends (ahora también Family guy y los simpsons) continuamente haciendo que el ir por comida se convierta en una sesión hipnotizante mientras se espera y se les recuerda a los robotizados meseros la orden que se les olvido pasar a la cocina 3 capítulos de friends atrás.

La primera noche nos topamos con Mao, una japonesa super amigable con la que compartimos el bus del infierno, ella nos mostró un poco el lugar, comiendo un delicioso asado a la Laos y yendo de fiesta con la super oferta de buckets (baldes que contienen una mezcla letal de alcohol, red bull y hielo) de Lao Lao, el whisky de arroz oficial de Laos que por su contenido de veneno debería ser ilegal. No recuerdo mucho de esa noche, solo se que por alguna razón rara estaban dando buckets gratis y que al siguiente día tenía la resaca más monumental en este viaje y que un dolor en mi pierna me atormentaba constantemente. No se como me lastime pero tenía una herida bien profunda del tamaño de una moneda, de seguro me dolió hasta el pescuezo cuando me la hice pero solo tengo recuerdos fugaces de esa noche. Pensé que si así era el principio de allí no saldría vivo (como otros falangs que fallecen y fallecieron en mi estadía) así que decidí pasar las gratuitas o extremadamente baratas ofertas de Lao Lao y enfocarme solamente en licores que podía controlar (beer Lao, en mi opinión la mejor cerveza de esta región).

En este lugar se pierde la noción del tiempo y la secuencia de las acciones se convierte en un borroso recuerdo que trae sonrisas internas. Entre las mejores experiencias que tuve fue tratar de tener un partido de voleibol en una cancha de barro, lo cual fue bastante divertido al igual que columpiarse en las retadoras y asustadoras cuerdas al lado del río Nam Ta, hablando de todo y nada con todos y con nadie, escribiendo y riendo de las estupideces escritas en los torsos y extremidades de los farangs. Allí me tope con un par de australianos que conocí en Hanoi que curiosamente nunca tuve la oportunidad de ver sobrios.

Este lugar es como una montaña con precipicios llenos de emociones abismales, como el repudio al comportamiento extremadamente asqueroso de los farang después de tener demasiados tragos de Lao Lao, no podía dejar de preguntarme que opinión genera este comportamiento entre los locales que solo ven la estupidez del hombre blanco en sus peores extremos y mientras tanto, todos tratan de tomar una porción de la torta vendiendo pancakes, bolsas impermeables e innumerables artículos y servicios.

Vang Vieng es como un pueblo fantasma durante el día con el ocasional mochilero con cara de guayabo astronómico o cargando su mochila antes de sumergirse en este paraíso. De noche, los tuks tuks llegan de regreso trayendo consigo grandes cantidades de vagabundos en estado de ebriedad y trance inexplicable mientras gritan a todo pulmón canciones o himnos de alegría. Más tarde el pueblo despierta y la fiesta continua en los bares más populares para luego terminar la noche en los 3 clubes nocturnos al aire libre donde las amistades echas durante el día se rencuentran y continúan con la misma rutina de alcohol, baile, cacería y suspiros de libertad.

Reitero, Lao Lao es veneno con sabor medio asqueroso, una tarde una chica era cargada inconsciente luego de perder conocimiento después de tomar demasiado, mientras era acercada y llevada a un tuk tuk, el conductor solo se enfocaba en saber quien le iba a pagar, seguramente ha visto tantas veces esto que le daba igual. Esa noche fuimos al hospital a ver a la chica, mientra dormía con suero intravenoso y su amigo sentado al lado de ella vomitaba en un balde frecuentemente.

Para algunos Vang Vieng es paraíso, para otros es un pequeño infierno; para mi, un poco de los dos.

Cada bar trata de atraer gente a como de lugar, por eso generan distintas formas de diversión de adrenalina, uno de ellos construyó un tobogán que no se veía para nada seguro. Yo espere a que otros lo usaran y salieran ilesos antes de probarlo, lo que daba desconfianza era que al final del tobogán había una especie de rampa que disparaba hacia arriba al usuario haciéndole perder control en la caída. Sobreviví este tobogán y lo repetí un par de veces pero un par de días más tarde me entere que un chico se partió el cuello en la rampa y otro se partió las costillas. Pero no importa, los farang siguen viniendo, bebiendo y saltando, una que otra casualidad no destruirá la diversión “sana” de las grandes hordas que sobreviven con heridas menores.

No todo es sodoma y gomorra allí en Vang Vieng, el paisaje alrededor es muy bonito con montañas pintorescas y muchas cuevas y lugares por visitar. Como la gran mayoría de la gente esta ocupada en el tubing estos lugares son solitarios y se pueden disfrutar completamente sin necesidad de compartirlos con nadie. Entre ellos visitamos una cueva (nada comparado con la que vimos en Kong Lo) y también hicimos escalada en roca un día.

Para los que están totalmente en contra de este nivel de putrefacción turística existe la opción de ser voluntarios en una granja donde pueden alimentar cabras, enseñar inglés y realizar otras labores. Fuimos de visita un día por allí y para rematar descubrimos que la granja es bastante cerca del área principal del tubing como consecuencia de esto se escucha música todo el día hasta que la fiesta muere al atardecer y se traslada al pueblo.

Tomando coraje y un poco hastiado de la rutina de este lugar magnético partimos en una mañana hacia Luang Prabang, el segundo destino más turístico de Laos. En el bus hacía Luang Prabang y varios días después una serie de emociones positivas y negativas me acompañaron al dejar este lugar tan, pero tan bizarro.

Añado algunas fotos de esos días sin ningún orden específico.

Vang Vieng, espero que no sea nuestro último encuentro.
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martes, 30 de marzo de 2010

A través de las entrañas de la tierra

Estando en la capital del Laos aproveche para hacer una diligencia burocrática, sacar la visa para el siguiente destino en el camino, Birmania. Lastimosamente descubrí que la embajada tomaba 4 días hábiles para procesar la visa y sumando un festivo y un fin de semana significaba que tendría que regresar en una semana. Ni modos, a matar tiempo mientras tanto. Para ello me la tomé suave en Vientiane, sorprendido por lo particular de esta ciudad “capital” que más parece un pueblo grande. Eso es una exageración, pero con una población de 300.000 personas, no da la impresión de ser una ciudad capital. Los siguientes días fueron una sucesión de divagar por las interesantisimas calles con su extraña mezcla de arquitectura francesa colonial y uno que otro bloque de concreto soviético, tropezándose con uno u otro diplomático en sus carros mega modernos en medio del calor abrazador y disfrutando uno de los pocos buenos legados de la era colonial francesa, buena cocina!

Los días alcanzaban temperaturas de 39 grados y fuimos a darnos un chapuzon a la piscina que le pertenecía al equipo nacional de natación de Laos. Piscina que no era mucho más grande que la piscina que mi abuelo hizo con sus propias manos para poner peces en ella. Supongo todo encaja, si la capital tiene tan pocos habitantes, para que hacer una piscina de más de 25 metros de largo.

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Un día de esos fuimos en motocicleta a ver un lugar llamado “parque de Buda” que resulto ser un conjunto de figuras budistas muy curiosas y extravagantes, me encanto ese lugar. Es sorprendente pensar que después de tantos meses aún me puedo deja llevar por la excitante sensación de ver otro templo u otra estatua de buda. Aquí van algunas fotos del parque de buda.

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De regreso le dimos un vistazo a el arco del triunfo de Laos, que muy bonito desde lejos, a medida que se acorta la distancia resembla más y más un bloque de cemento. Graciosamente esta era la descripción oficial en un cartel del arco.

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Aún con varios días por quemar decidimos dejar la tranquila “ciudad” capital y echarle un vistazo a unas cuevas 9 horas en bus de Vientiane. Ese fue uno de los muchos buses que tomaríamos en Laos que dolorosamente han tomado gran parte de mi energía de viajero. Este consistió en un viaje en bus por varias horas en el sofocante calor, con gente por doquier. Luego a mitad del camino tuvimos que tomar un sawng thaew, que es una especie de mini camión con bancas en la parte trasera donde la idea es acomodar tantas personas, animales y bultos de arroz como sea posible. Nuestro conductor dio varias vueltas en la aldea que nos recogió hasta que se aseguro que no cabía un alma más y las siguientes horas fueron una lucha de contorsionismo acompañadas por el irregular sonido de gallinas encostaladas.

Sin embargo las cuevas de Kong Lo valieron muchísimo la pena. Realmente es un río que atraviesa una montaña y se puede hacer el recorrido ida y vuela en bote, deteniéndose ocasionalmente para admirar algunas partes iluminadas con luces violeta, rojas o azul, dando la apariencia de estar en un paisaje marciano, o para caminar en la panda superficie mientras la lancha era empujada a profundidades navegables. Fue una experiencia deleitante, ver como las luces de las linternas juegan con las sombras de las estalagmitas, la reflexión de las rocas en el agua dando falsas impresiones de estar volando sobre rocas altas y la sensación de estar siendo devorado en las entrañas de la tierra.

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Después de recorrer la cueva decidí nadar un poco en este riachuelo y participar en sus juegos de saltar desde rocas altas al agua. La gente de Laos no desperdicia oportunidad de zambullirse en cualquier liquido para mitigar un poco el calor. Antes de irnos una familia nos invitó a tomar un par de vasos de cerveza acompañados con un poco de la picante salada de papaya. Cuando otros viajeros hablan de Laos siempre mencionan lo relajados que son, sin prisa y con gran amabilidad hacia el farang*. Después de Vietnam todas estas virtudes son terriblemente apreciadas y la gente de Laos estaba probando ser increíblemente agradable.

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De regreso en Vientiane, con pasaporte en mano y visa lista le pegamos una visita al muy interesante centro de prótesis de extremidades llamado COPE centre en donde aprendí que Laos fue el país más bombardeado de Asia (en comparación con la proporción de su territorio), como consecuencia muchas bombas nunca explotaron y en aldeas remotas niños y adultos voluntariamente tratan de encontrar estos artefactos para desarmarlos y vender o utilizar los pedazos de chatarra y explosivo. Esto les puede dar mucho más dinero que la agricultura, pero al mismo tiempo las consecuencias son fatales para mucha gente que termina perdiendo brazos o/y piernas o la vida misma. Este centro se concentra en producir prótesis de brazos y piernas a muy bajo costo permitiendole a las desafortunadas victimas reanudar con sus vidas. El caso de un señor me conmovió mucho cuando al recibir sus implantes lloraba agradeciendo que ya no tenía que comer como un perro arrastrado en el suelo. Esto me hizo pensar en las minas quiebra-patas que existen en Colombia, en lo fácil y rápido que es plantar odio y peligro, y lo largo y tedioso que sera liberar la tierra hasta el punto en donde todos podamos caminar sin miedo a pisar los pecados de hombres inescrupulosos.

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Al siguiente día dejamos Vientiane y emprendimos camino hacia uno de los lugares más famosos en la comunidad de mochileros del sur este asiático, Vang Vieng.

*farang, forma como se les llama a los extranjeros en Laos y Tailandia. Originalmente significaba francés.