lunes, 4 de abril de 2011

Hotel Mama

Otro asqueroso e incómodo vuelo de bajo coste que implicaba pelear para tomar un bus a las 3 a.m., pasar por un montón de filas y chequeos en el aeropuerto para volver a pelear para subirse al avión y sentarse en una rígida y apretada silla. Mi madre, su esposo y una de mis hermanas me recogieron y me bombardearon con preguntas y noticias. Así comenzó un periodo de dos semanas que involucró hablar, compartir y comer muchísimo con personas que amo y que siempre han estado dándome ánimo cuando lo necesitaba. Yo realmente no tenía muchas ganas de hacer mucho aparte de tener un periodo de sedentarismo, pero Alba (mi madre) con su energía incesante quería llevarme a todos lados para apreciar la gran belleza del verano en Italia, lo cual hicimos a un paso bien relajado, sin prisas ni preocupaciones.
Alba con su instinto sobre protector estaba encantada de tenerme en casa, me mimó bastante, tanto que hasta insistió fervorosamente para lavar mi ropa (curiosamente cuando yo tenía 8 años insistió lo opuesto) y todos los días cocinaba uno u otro plato delicioso para engordarme un poco (aparentemente estaba muy flaco). Laura y Johanna (mis hermanas) en cambio me contaban sus historias y cosas del colegio y de sus amigos y me llevaban a pasear por todos lados del pueblo.
Algunas veces me impresionaban con la forma como narraban mis aventuras de viaje, recordando detalles que yo mismo había olvidado, eso me da cierta satisfacción, saber que el esfuerzo de escribir este blog hace que seres queridos míos puedan viajar desde sus asientos y poder sentir de alguna forma lo que he vivido.
Acá van algunas fotos de nuestras excursiones:









Un día, un amigo de mi familia nos llevó a una caminata bien linda por unas montañas llamadas las mini Dolomites, fue una caminata llena de paisajes hermosos y que llenaban mi mente de recuerdos lindos y nuevos. Un señor que nos acompaño en la caminata sabía bastante sobre la historia del lugar y nos narraba interesantes historias, como por ejemplo la resistencia italiana ante las fuerzas austriacas en las guerras. Estas montañas se llaman las mini Dolomites porque no son las verdaderas Dolomites, que son aún más impresionantes y grandes. Aún así, no dejan de ser majestuosas.











Otro día cuando estábamos de paseo nos pusimos a hacer maromas y payasadas en un campo de paja al lado del camino. Laura sabía algunas figuras gimnásticas del colegio y nos pusimos manos a la obra, hasta Alba se unió en algunas hazañas increíbles.









Para pasar el tiempo nos dedicamos a hacer un mosaico con cáscaras de huevo. Fue un poco tedioso al principio pero era divertido ver como cada uno de nosotros hacía un parte y le daba su propio estilo. Como era nuestro primer mosaico rompimos las cáscaras en trozos muy pequeños, lo cual hizo que nos tomara más tiempo la obra de arte.


Y seguir deambulando por este típico plueblo italiano.




Mientras tanto seguíamos compartiendo y disfrutando del buen clima. Yo había estado varias veces visitando a mi familia en el norte de Italia, pero esta era la primera vez que lo hacía en verano, así que podía por fin ver la belleza de la cual me hablaba tanto Alba. Esta vez volvimos a ir a la inigualablemente bella Venecia con su red de interminables canales laberínticos, con su inigualable arquitectura y la energía que se siente al deambular por sus calles, y claro por supuesto, los miles de turistas que inundan la ciudad. Esta vez, en lugar de seguir a la multitud en la maratón por llegar a la plaza de san Marcos yo guié la cuadrilla de expedición haciendo que nos fuéramos por las calles pequeñas hasta encontrar la Venecia callada, tranquila, lejos de los turistas con venecianos en su día a día, y hasta encontramos un pequeños parque para hacer picnic en esta apretada roca.












Finalmente llegamos a la semi inundada plaza de san Marcos y regresamos a casa y por primera vez yo tenía la felicidad de que mis pies no estaban congelados, ya que al siempre haber venido en invierno, la roca del suelo veneciano se enfría a un nivel increíble y siempre traspasaba la suela de mis zapatos.




Y seguiamos trabajando en este mosaico que parecia interminable:





Un día en el pueblo hicieron una fiesta llamada “Festa di Popoli” o fiesta de la gente que involucraba a todas las mini comunidades de distintos países que viven en el área, vistiéndose en trajes típicos y ofreciendo comida típica. Fue un evento lindo, donde pudimos deleitarnos con pan y aperitivos de Ucrania y Moldavia, bailar al ritmo de tambores africanos y saborear postres de Bangladesh.












Se culminaron mis dos semanas de estadía y era hora de partir, pero luego de meditarlo un poco decidí perder mi vuelo y cambiar mis planes, fue algo impulsivo, pero al ver lo rápido que han crecido y cambiado mis hermanas y al estar en un lugar con tanta armonía no quería perder la oportunidad de compartir un poco más con mi maravillosa familia. Otra vez me perdí de la fiesta del solsticio de verano en Stonehenge y de una fiesta de mitad del verano en Suecia, pero valió la pena totalmente. Nosotros también tomamos el carro y nos fuimos a ver el atardecer del día más largo del año.


Y luego de varios días de trabajar poco a poco en el mosaico, lo terminamos con una satisfacción increíble. Aquí esta nuestra humilde obra de arte.



Esos días coincidieron con el mundial de fútbol y curiosamente descubrimos un extraño interés por los partidos por parte de Laura que gritaba a todo pulmón cuando algo medio pasaba en el juego. Yo aproveche y vi uno que otro partido, eso es lo único que me veo de fútbol, el mundial, y aún así debo decir que no lo encuentro entretenido, no como en mi niñez cuando era más desordenado y menos mecánico.
Uno de esos últimos días fuimos a dar una corta caminata al Monte Summano, una corta caminata que se convirtió en 7 horas, haciendo que probáramos la estamina de Laura y Johanna y las piernas mías y de Alba. La caminata fue refrescante, teníamos la montaña para nosotros ya que no vimos a nadie y terminamos super cansados, yo con un leve dolor en mis rodillas y mi Laura con la tristeza que se perdió un partido de fútbol emocionante.







En mis últimos días me di cuenta que a pesar de haber pasado tanto tiempo en este pueblo, aún no sabía como orientarme, y es que siempre andaba con guarda espaldas, era una sensación algo rara, saber que después de tanto tiempo de tener que ubicarme rápidamente en lugares nuevos constantemente aún podía perderme sin dificultad en un lugar que debería ser familiar. Poco a poco pasaron los días y llego mi hora de partir una vez más, no sin antes recibir una lección de baile, comida deliciosa y palabras que tocaron partes profundas en mi corazón. No hay forma de expresar la alegría que se siente al volver a casa, así sea una casa temporal en un país ajeno, lo importante es lo que se cultiva dentro y lo que se lleva consigo y eso es lo que logré en estas 3 semanas familiares, propagar la armonía y amor por estas personas tan especiales para mí.
La aventura europea ha comenzado oficialmente lo que tuve oportunidad de experimentar en los siguientes meses fue inolvidable, pero eso lo escribiré en las siguientes entradas.
Pido disculpas por el gran retraso en las entradas (más de 9 meses) pero tengo el fuerte propósito de ponerme al día en el siguiente par de meses.
Gracias por leer.

jueves, 3 de febrero de 2011

No más Asia

Dormir en aviones es bien complicado, si estas de buenas no te toco una silla central con un enorme tipo que se desborda en tu asiento por un lado y otro tipo con alguna tos extraña al cual quieres evitar pero no puedes. Afortunadamente esta no fue mi situación en ese viaje que marcaba el fin de una época extraordinaria de mi vida, y daba comienzo a una que iba a ser de cierta forma mucho mejor, pero eso yo aún no lo sabía.

Me desperté con mucho cansancio y con un dolor de espalda de no haber dormido bien (a pesar de tanto tiempo en transporte público mi cuerpo aún no se ha acostumbrado) y hable un buen rato con mi compañero de puesto, un portugués super buena gente, hasta que llegamos a Londres Stansted, aquel aeropuerto que ha sido testigo de mis múltiples escapadas cuando trataba de buscar un poco de color fuera de esta isla opaca y gris.  

Al llegar al Reino Unido por sus aires pude observar como la capa de nubes grises que siempre la acompañan estaban listas para darme la bienvenida, mientras que en mi mente miles de pensamientos incoherentes daban  vueltas y retumbaban en mi cabeza.  
Pagué por mi pasaje en bus a la ciudad y de repente ya he gastado más dinero de lo que hubiera gastado en un día en Asia, de verdad que van a ser retadores los próximos meses, no llevaba ni 50 segundos en el bus y me regañaron por estar comiendo, realmente ya no estoy en Asia donde cosas así no tienen gran importancia gracias a la sumisión de los Asiáticos.

Impresión de regreso
 De camino al centro de a ciudad, la triste realidad se acerca cada vez más y más a mi, la organización, los colores pálidos, la gente con cara de furia y miseria son más frecuentes, gran parte de las personas perdiendo su vida viendo frente a una pequeña pantalla, escribiendo mensajes de texto o actualizandose en chismes.  Llegué a la ciudad, empezó a llover y todo parecía derretirse en tonos grises, me monté en otro bus que me llevaría a casa de una muy buena amiga que vive en Londres.  Maria no estaría en casa pero sus compañeros de abrirían la puerta y me dejarían poder escapar a este choque que me estaba atropellando sin compasión.  Al golpear en la puerta que se me hacía familiar, me preguntaba cuando fue la última vez que estaba frente a ella, la puerta se abrió y antes de subir las escaleras escuché una dulce voz que resonó en mi cabeza como la esperanza de alguien ahogándose al ver un barco salvavidas, era la voz de Maria que me sorprendió al trabajar desde casa, lo siguiente que recuerdo fue estar en sus brazos y apretar muy fuerte, sintiendo como las angustias cedían ante la enorme energía que estaba siendo trasmitida hacía mí, escuchando su sonrisa y sus dulces palabras de bienvenida que suavizaban este golpe que parecía querer abatirme. De repente fue obvio para mí, había regresado a un lugar en donde tengo gente que aprecio y que me aprecia, donde la diferencia cultural no es tan abismal ni tampoco hay gran barrera idiomática y en donde de alguna manera sabía como jugar con el sistema. 

Después de esto nos dedicamos a hablar mucho, yo a dormir un poco y luego fuimos por una cena colombiana que resulto bastante buena sobre todo por a buena compañía.  
Esa noche no dormí mucho por estar echando chisme, pero lo poco que dormí fue profundo y tranquilo, gracias a la espectacular e inesperada bienvenida que Maria se encargo de darme, muy sencilla y honesta, tal y como es ella, tal y como soy yo.

Los siguientes días me la pase explorando Londres y sus hermosas calles, esta bella Londres que es una de mis ciudades favoritas en Europa, con su imponente e única arquitectura, con su increíble mezcla cosmopolita y con sus recovecos en los que tanto me gusta perderme, además de hacer varias vueltas que debía realizar.  Una de las formas en que exploré esta capital del mundo fue en bicicleta, como me gusta tanto, ya que se puede explorar pequeños detalles que se pierden en bus o metro además de que muchas veces es más rápido.  También aproveche para ver dos museos que nunca había podido ver antes por horarios laborales, el museo del banco de Inglaterra (donde lo más interesante fue sostener un pesado lingote de oro) y la librería masónica (con su innumerable colección de libros antiguos).  




Puente de la torre de Londres, hermoso como siempre




lo que quedó de mi guía de viajes.
Estos días pasaron bastante rápido, de asado en asado y de comida en comida, todas ellas bien charladas.  El último día lo pase con Maria y otra buena amiga que se llama Ingrid mientras procrastinamos una invitación a otra barbacoa.  Al final terminamos llegando a la dichosa fiesta a la 1 am para luego partir a las 2 am, yo con equipaje en mano seguí directo a aeropuerto para tomar otro vuelo asquerosamente temprano que me llevaría hasta Venecia Treviso; otro aeropuerto que me ha visto un buen número de veces mientras escapaba de las islas británicas en busca de un poco de amor y cariño familiar.