La búsqueda de los sellos patrocinado por quechua

Pedrafita do Cebreiro, allí empezamos a andar por el bien recorrido camino de Santiago, que nos llevaría hasta Santiago de Compostela y aún más lejos.

La idea que fue sembrada meses atras en una charla mientras nos resguardabamos del calor del medio día en una choza humilde y hospitalara en una aldea de Myanmar por fín iba a ser ejecutada.  Y como dice el proverbio, todo viaje comienza con un paso, nosotros dimos nuestro primer paso bajo un cielo que soplaba nubes tristes por su peso liquido que muy pronto se convirtió en una lluvia mezclada con viento que nos dejo completamente mojados y empezó a retar de sin antelación nuestros espíritus. Y al poco tiempo, con mucho frio y con la moral baja empezamos a tener una crisis de estas que dan por culpa del clima, ví como Noa se desesperaba al no poder mover sus dedos ni controlar su quijada por el tiritar, tuve la visión de que esta no iba a ser una aventura tan fácil como yo esperaba, así que toco tomarla suave y quedarnos en el primer hostal que encontramos.  Allí luego de una ducha caliente y ropa seca nos tranquilizamos un poco y luego de una deliciosa cena del peregrino, que es el plato típico en todo el recorrido, pudimos reirnos de este comienzo un poco desmoralizante.  Este día solo caminamos 16km.



Mucho  viento el primer día

Al día siguiente aún con un poco de lluvia pero mejor equipados continuamos nuestro camino, tomando un desvío hasta llegar al monasterio de Samos, que es una construcción hermosa y fue el único lugar en el camino donde se pagaba con donación.  Nosotros fuimos los últimos que dejaron quedarse en el monasterio ya que alguién dijo que vio algún bicho y cuando eso pasa, tienen que evacuar el lugar por cuestiones de sanidad.  Luego de un tour por el majestuoso y practicamente vacío monasterio (ya no hay vocación religiosa), fuimos a cenar otro menú del peregrino pero esta vez acompañado por varias copas de vino ya que era el año nuevo del calendario judio y Noa tenía ganas de celebrar.  Este día caminamos 20 km.


las pintorescas aldeas del Galicia



Monasterio de Samos



Así poco a poco fueron pasando los días, caminando paso a paso, consumiendo los kilómetros bajo nuestras suelas, charlando mucho y disfrutando de la maravillosa experiencia que estabamos viviendo.  
Los hostales peregrinos tienen unas reglas especiales, las más importantes son que no se puede pernoctar más de una noche y que la hora de salida es por tarde a las 7.30 am que en Galicia es aún de noche, porque está bien al occidente de España y debería tener la misma hora de Portugal.  Así que las mañanas eran un poco duras, con mucha niebla y un poco frías, pero lo bueno es que a las 10 am cuando se hace una pausa, ya se ha recorrido la mayor parte del trecho diario, dejando espacio así para relajarse por la tarde.  
Nosotros teníamos una carpa y para no desperdiciar la cargada decidimos acampar de vez en cuando, lo cual era contraproducente porque implicaba que empezábamos a caminar a media mañana, afrontandonos al sol de medio día una vez los cielos se despejaron y el bueno clima nos acompañó.

Para el mismo camino de Santiago también hay algunas reglas específicas para que sea "valido", entre ellas es que si se hace caminando, se debe hacer por lo menos 100 km.  Para probar la distancia, se llena un pasaporte peregrino con sellos de los lugares donde uno pasa, generalmente iglesias o capillas y albergues, pero ahora también muy común restaurantes, bares y ayuntamientos.  Lo curioso es que pareciera que el propósito de la caminata es recolectar sellos porque la gente siempre esta comparando la cantidad y calidad de sellos que consiguieron cada día.  Otra curiosidad es que la mitad de la gente usa productos de marca quechua, comprados en decathlon, la tienda de deportes que tiene cosas increíbles a precios muy cómodos.  Noa no conocía esta tienda y me comentó sobre este fenómeno, por eso decidimos que esta caminata más que un peregrinaje parecia "la búsqueda de los sellos patronicada por quechua".




campesinos

El camino




Solo faltan 100 km 

Uno de los días que empezamos tarde la caminata hizo bastante calor y el sol de la tarde nos pegó bastante duro, tanto así que vi a Noa de mal genio, lo cual es un poco raro, pero una vez más luego de una ducha y un poco de comida (en el caso de Noa solo pan porque no comía nada más) el alma volvía al cuerpo y la cordialidad y tranquilidad de los bellos pueblos gallegos nos inundaban de regocijo.

Algo que no recordaba de Noa es que ella camina bastante despacio, yo sabía que no tiene problemas para hacer caminatas largas, como dije antes caminó la distancia de sur a norte en Israel, pero ella va a su propio ritmo, lo cual era un poco frustrante algunas veces porque veíamos a todo el mundo pasarnos de largo.  Lo curioso fue que generalmente nos encontrabamos a estas mismas personas luego en los hostales, tiradas en las camas, con vendas y curaciones en los pies y piernas por el sobre esfuerzo que ejercían, y yo que tengo problemas en las rodillas no tuve mayor inconveniente, gracias al paso tan relajado al que ibamos.

Otra cosa que hace el camino tan especial es la gente que se conoce y se encuentra.  Se hacen amistades de viajero y se ven personajes bien curiosos, como el francés que no dejo dormir por sus ronquidos de ultra tumba y que a la mañana siguiente se puso de mal genio porque lo despertaron un par de señoras hablando! o los metaleros alemanes que caminaban vistiendo de negro bajo el rayo del sol, con piercings y tatuajes y que llevaban un radio con música adecuada para la marcha: heavy metal.  O mejor aún los propios gallegos, que son gente maravillosa, para mí son como un punto intermedio entre los españoles y los portugueses: amistosos, calmados, serviciales, honestos y lo más sorprendente no tienen la bullicia tan caracteristica de los españoles.



Girasoles con helaje






La omnipresente flecha amarilla


Un día que teníamos planeado caminar 25 km llegamos a un pueblo llamado Melide en donde se estaba celebrando la fiesta del borracho, lo cual involucraba guerra de pistolas con vino, muchos chicos jovenes bañados en alcohol y disfrutando la algaravia del tumulto y una cosa que me impresionó mucho, almuerzo gratis ofrecido por el ayuntamiento.  Pusieron en la plaza central unas ollas y brindaron papas hervidas, con pepinos picantes, mucho pan y mejillones.  La gente usaba como plato lo que encontrara, cualquier cartón o papel y debo decir que estaba delicioso.  Luego me entere que también estaban dando vino, pero creo había una fila muy grande para esto.  Al ver tremendo espectaculo decidimos quedarnos allí esa noche, a pesar de que aún nos faltaban 8 km para alcanzar la meta de ese día.  Pero la verdad, esa es una de las maravillas del viaje de largo plazo, no hay que seguir itinerarios rígidos y la espontaneidad es el mejor aliado.  

Yo bromeaba con Noa sobre su nombre que es Noa Mor (no amor), pero allí en el tumulto conocimos a un gallego super buena gente que entre chiste y charla termino diciendome no, nada de no amor, todo toca con mucho amor.  Me gusto mucho ese retazo de sabiduría proveniente de un borracho, tanto que no volví a retomar la tan usada broma.


Instrumentos artesanales




La abuelita bailando y comiendo




Cuales olerán a feo? 

En los días siguientes empezó a molestarme una rodilla, pero afortunadamente ya faltaba poco para llegar.  Paso a paso, seguiamos con esta caminata inolvidable, conversando, caminando, comiendo, con una rutina cómoda y segura en donde lo único que hay que hacer es levantarse y caminar, fue ahí cuando me di cuenta de algo que me estaba pasando y que Jorge, el esposo de Sofía me contó que le pasó a él.  A medida que uno se acerca, uno quiere caminar menos, hacer distancias más cortas, porque a pesar de que el objetivo era llegar, cuando uno esta llegando ya no quiere llegar, porque significa el final del recorrido.  Es un concepto un poco raro, pero lo sentí vividamente y de cierta forma el último día caminando fue un poco nostálgico por esta razón. La vida continua a pesar de todo y nosotros llegamos a Santiago.  Nos hospedamos en un hostal en las afueras de la ciudad y a la mañana siguiente hicimos la caminata hasta la catedral, allí hicimos lo típico, certificar los pasaportes y asistir a la misa del peregrino. Lo que fue más interesante fue que por primera vez en mi vida tuve que explicarle a alguien cada uno de los rituales religiosos que conllevan una misa católica y hasta tuve que traducir las oraciones (algunas de ellas entendí por primera vez) ya que Noa no sabía nada de esto. En total caminamos entre 160 y 170 km con un promedio de 20 km por día.



Esta era mi edad 29 años y medio


Uno de los personajes del camino



La catedral


Los pasaportes






Nuestro viaje no terminaba allí, aún teniamos un destino más.  En teoría el camino de santiago antes de convertirse en un peregrinaje católico, era un peregrinaje celta, en donde ellos caminaban desde su casa hasta un lugar hoy conocido como Fisterra (o el fin de la tierra), el ritual terminaba cuando el caminante quemaba sus ropas y posesiones desponjandose de su pasado y de cierta forma renaciendo.  
Nosotros tomamos un bus hasta Fisterra y caminamos los últimos kilometros hasta el cabo Fisterra, allí disfrutamos de un atardecer espectacular, lleno de colores en degrade y juegos de nubes hipnotizantes.  Este lugar al igual que muchos otros a lo largo del camino de Santiago estan cargados de energía y es imposible no sentirse en estado de sobriedad sobre humana cuando se mira el sol hundirse en el horizonte del Atlántico.  Para continuar con la tradición quemé algunas prendas de ropa y acampamos en el que se convirtió mi lugar favorito de acampar, bajo una noche estrellada, el faro de Fisterra dando destellos rítmicos, con el mar en sus susurro delicioso arrullándonos entre sueños y con la noción de que era el fin de una etapa.


El final original del camino, en Fisterra








Quema de ropa

Increíble lugar para acampar


A la mañana siguiente Noa y yo partimos en rumbos distintos, ella tomó un bus que la llevaba a Santiago y luego a Madrid donde retornaria a su casa en Israel para comenzar la Universidad.  Yo me fuí en auto stop hasta Santiago.  Noa fue una gran compañera de viaje, llena de alegría y energía, creo aprendimos mucho el uno del otro y si tuviera la oportunidad de viajar con ella otra vez no lo pensaria dos veces.  Lo único que reprocho de ella es que solo come pan!

Una vez en Santiago me dirigí a buscar un lugar para irme en auto stop hasta Oporto en Portugal, el auto stop en España no es muy fácil, pero aún así decidí intentarlo.  Mientras esperaba por alguién que me recogiera vi como el coche de una chica perdió la dirección y terminó dando trompos en la carretera, afortunadamente sin ninguna herida grave.  Yo fuí el primero en llegar a su coche y cuando abrí la puerta parecia más confundida que asustada.
Luego de esperar por otro buen rato un señor me recogió.  Empezamos a hablar por bastante rato y me contó que me vio caminando por la ciudad y le causo curiosidad que iba en dirección contraria a la catedral.  Hablamos mucho, el vivia en Vigo y me dijo que me llebava hasta allá.  El se llamaba Oli y fue muy lindo compartir con él.  Termino invitandome a comer en su casa y luego me dijo, como te hice perder tiempo, te llevo hasta Portugal! de camino me dio un tour por toda la costa de Galicia y me contaba sus proyectos y opiniones de vida (un poco radicales eso sí). Me dejo bastante cerca de Oporto, a 60 km, y se disculpo por no llevarme hasta allí porque debía recoger a su mujer después del trabajo.  Una cosa que me quedo sonando cuando nos despedímos fue que me confesó que esto lo hacía más por él que por mí, porque quería salir de su rutina, tener una mini aventura, así sea solo llevar a un completo extraño que venía por el camino.

Accidente

Oli

Cuando Oli se fue, ya estaba bastante oscuro para seguir en auto stop, y yo no tenía tienda de acampar para dormir, así que estaba resignado a hacer bivoc esa noche.  Lo importante es que ya estaba en Portugal, un país que nunca me interesó mucho pero que se convirtió en mi favorito en Europa occidental.
Hasta la próxima.

p.d. Estos hechos ocurrieron hace casi ya un año.  Para ponerme al día he decidido cambiarle el estilo a la escritura de las entradas, tratar de ser menos elocuente y exigente con mi redacción, espero funcione y que los pocos lectores que me quedan terminen de gozar mis aventuras por este mundo tan esplendido que tenemos.

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