Dirección occidente generoso

Tren a Barcelona y  gracias a mi tio Hamilton teníamos un lugar donde alojarnos en la casa de una amiga suya, en el centro del Barcelona.  Poco a poco empezamos a entrar en el ámbito turístico que provee Barcelona, la ciudad fiestera y paradisiaca al lado del mediterraneo, de clima amigable, con buena comida y muy, muy buen ambiente.
Exploramos esta ciudad que enamora a cualquiera en una tarde de verano que prometía buenos resultados.  Nos encontramos con Filipo (un chico que conocí en la Tomatina) en la plaza Catalunya.  Él nos dió un tour por la ciudad de los lugares óscuros y segregados, donde las trabajadoras sexuales comparten vecindario con los inmigrantes magrebies.  También él estaba aprovechando para perderse un poco en las calles tránquilas y de bella arquitectura en la capital catalana, donde la historia se ha escrito por cientos de años. Yo no podía dejar de tener recuerdos de frases del libro "la sombra del viento" que narra con detalle vivo las esquinas y plazas de esta ciudad.


Filipo sin embargo, nos confesó que él ya había terminado su luna de miel con Barcelona y que al contrario ya estaba cansado de ella, de su enorme cantidad de turistas y su movimiento sofocante.  Él también aprovecho para llenarse de información y confidencia ya que iba a empezar un viaje por el sur este asiático y tenía miles de preguntas para poderse hacer una imagen viva de la aventura que iba a empezar.
Al día siguiente, visitamos los lugares de turismo de rigor.  Yo ya había estado en Barcelona varias veces antes, pero nunca como mochilero, así que con ojos hambrientos fuimos a explorar Las Ramblas con sus incontables artistas callejeros.


El Maremagnum, que es un centro comercial en el puerto junto a la estatua de Cristobal Colón.


y por supuesto la imponente y nunca terminada Sagrada Familia.




También disfrutamos del impresionante juego de luces y fuentes en la plaza España:


Fuimos al parque Güel, el cual a mi me parece sobre valorado por lo que es, aún así toca verlo.





Así pasamos nuestros días en Barcelona, deambulando por sus calles, contagiandonos de su energía y su buen ambiente y charlando y viviendo la vida a un paso super relajado.
Una tarde de esas me ví con Evgenia, una amiga que no veía desde hacía varios años.  


Por la noche nos encontramos otra vez con Filipo, esta vez nos fuimos de marcha a un lugar que él conocía, muy amigable, con mucha sangría y buen bullicio.


Rápido pasaron esos días y continuamos con nuestro rumbo hacía el occidente.  Tomamos un tren que nos sacó de Barcelona a una estación de gasolina y desde allí hicimos auto stop hasta llegar a Lleida.  Fuimos recogidos por dos camioneros que muy amables me hicieron la visita (Noa no habla español) describiendonos las grandiosas y disparatadas fiestas que toman lugar en sus pueblos.


Sofia, Jorge y su preciosa hija Lucia nos recogieron allí en medio de una estación de gasolina en la mitad del oeste salvaje de Catalunya, de allí nos invitaron a almorzar a un buffet super delicioso, que delicia España. Y por primera vez (y una de las pocas veces) alguién se interesó sinceramente por mi viaje.  Jorge me pidió varias veces que le contara sobre mis vivencias y aventuras y a decir verdad no estaba preparado para esta pregunta, no sabía muy bien que responder o por donde comenzar.  Él mismo ha sido un vagabundo del camino en sus años mozos, deambulando por España y Canada por buen tiempo.  Él hizo el camino de Santiago en las épocas donde el peregrino era alojado por campesinos en cualquier rincón, así fue como durmió en establos y granjas mientras recorría 1000 km a pie en la peninsula Ibérica.
Creo aún no podría responder correctamente a su pregunta, pero estoy mucho más preparado para la siguiente y rara ocasión que alguién pregunte sinceramente por el viaje.
Esa tarde nos fuimos a la piscina de la enorme metropoli de Torrebesses, donde Sofia vive con su familia.  Ellos me contaron que en el último senso habían 301 personas, pero desde esta entonces 2 habían fallecido, así que no alcanzaba a 300 la población. 


Los siguientes días los pasamos con una combinación de caminatas agradables bajo las estrellas o por los espantos de lo que pareciera ser un pueblo desierto.


O echandoles una mano pintando la casa.


Jorge y Lucia


O dando paseos por imponentes valles y montañas




Torrebesses


Al igual que compartiendo suculentos manjares que preparábamos y acompañabamos con vino.  Cuando íbamos a partir ellos decidieron llevarnos hasta nuestro siguiente destino, así que nos quedamos una noche más, pasando una noche super divertida con amigos suyos, más buena comida, muchas más risas y hasta hubo sesión de piano.


Fueron días muy agradables para mí, ya que reimos y hablamos mucho al simple paso de la tranquilidad y humildad que tienen buenos viejos amigos.  Sin querer Noa terminó de niñera y así aprendió más español con Lucia que en todo el tiempo que pasó conmigo viajando.
Gracias Sofia, Jorge y pequeños. La pasamos fenomenal y atesoro esos días entre los mejores que pasé en España.  Como siempre les envio mucha energía para este presente que vivien.

Como dije antes, Jorge nos llevo hasta donde mi tío Hamilton que estaba viviendo en la región de Navarra en España.  Allí nos recibió con un sancocho muy delicioso que cocinó como siempre con su gran corazón hospitalario.


Después de los adioses que siempre duelen, Sofia y su familia partió de regreso a casa y Hamilton nos llevó a explorar la ciudad aledaña de Olete con sus histórico centro medieval. Aquí volví a notar la gran variedad de idiomas/dialectos que existen y de cierta forma dan causan tensiones en España.  En Valencia el valenciano, en Catalunya el catalán, allí en Navarra el Euskera.  Me causa curiosidad ya que nunca he vivido en un lugar con dos idiomas oficiales.
Olete




Cuando estabamos de regreso nos topamos con un "encierro" que es cuando sueltan toros en medio del pueblo y la gente se pone a torearlos a mano limpia.  Esto fue en un pueblo llamado Caparroso y fue muy entretenido.  La gente española si que sabe divertirse, no hay espacio para el aburrimiento.  Noa no podía creer lo que veía, me confesó que pensaba que la gente tenía un deseo de muerte prematuro por metersele de frente a los toros con el riesgo de ser corneados.  





Como era un pueblo bien pequeño, la gente era bastante amigable y un grupo de señores al ver a Noa con su camara SLR y que no hablaba español le pidieron que les tomara fotos porque pensaban que era periodista y querian salir en el periódico.  





Un poco más de paseos por la ciudad de Tudela y pueblos aledaños y para mí la gran labor de tener que reparar y recuperar la información de un computador que había sido formateado (siempre me ponen en esas labores :s) De esta forma culminó nuestra estadía con mi tio Hamilton.  
En este momento, nuestras ansías de continuar en el camino estaban rebozando la paciencia, teníamos ganas de continuar, de seguir explorando este bello y acogedor país.  Noa estaba ya un poco cansada de escuchar español y no poder interactuar en las conversaciones y yo estaba agobiado de ser el traductor, así que continuamos nuestro viaje.  El siguiente trayecto era llegar en auto stop hasta Galicia.  Teníamos que cubrir una distancia de 560 km y teníamos dos días para ello.
Empezamos en una estación de gasolina cerca a Tudela, pero noté que los camioneros acá no eran tan amables como en Catalunya; en un momento la policia amenazó con multar a Noa cuando trato de hacer auto stop al lado de la carretera. 


Después de un buen rato un dominicano nos llevó hasta Logroño, no sin antes hacer una que otra proposición embarazosa.  Gente como este desgraciado es la que hace que este viejo y bello arte del auto stop este muriendo.  Fue un gran alivio terminar este trayecto forzoso en Logroño y un poco con la moral baja seguimos buscando otro carro que nos llevará.  Luego de un rato un señor muy amable llamado Manuel nos llevo una distancia considereable.  Al parar vimos por primera vez una señal que nos indicaba nuestro destino final, Santiago de Compostela.  Señales como esta son las que guían los miles de peregrinos que todos los años recorren paso a paso el famoso camino de Santiago.


Luego Ana, una señora bien acelerada nos llevo por 10 km.  Luego de una espera corta en medio de las fiestas de otro pueblo, Ismael, un chico super amable nos llevo hasta las afueras de Burgos. 
La mayoría de estas personas tenían algo en común, estaban siendo afectadas por la gran crisis que afecta a España.  Manuel aún conservaba su trabajo aunque con menos salario, mientras que Ismael estaba cobrando el paro desde hacía ya casí dos años y estaba entrenando fuerte para poder conseguir un puesto como bombero.  Otra cosa que tenían en común era que no hablaban inglés, así que Noa no podía hablar con ellos y me tocaba a mí hacer las labores sociales del auto stop, que vale aclarar agotan mucho.
Allí a las afueras de Burgos tuvimos una larga y aburrida espera, mientras le preguntabamos a  camioneros o cualquier persona con carro que nos llevara dirección León.  Pero todos los camioneros enfrentan multas bastante altas por recoger pasajeros así que no se arriesgan.  Tampoco ayudo el hecho de que una patrulla de policia se parqueó toda la tarde asustando a cualquiera con el que hablabamos.

Un poco vencidos y cansados veíamos como el atardecer estaba formándose en las colinas lejanas mientras que la temperatura bajaba.  Aún estábamos bastante lejos de nuestro destino y no quedaba más opción que acampar allí esta noche y continuar al día siguiente.  La obstinidad de viajar en auto stop estaba siendo abatida por el destino que no nos ponía un conductor bondadoso.
Sentados en un rincón de la estación de servicio aún pediamos que nos llevaran, más por inercia que por deseo y en este estado fue que un chico portugués super buena gente nos dijo que nos llevaba, pero que tocaba esperar a que la policia se fuera.  Al principio no sabía que pensar, así comienzan las historias de terror, sin dejar testigos ni rastros, pero aceptamos con la desesperación que solo brinda el cansancio y la oscuridad del ocultamiento del sol.
Al rato nos subimos en el camión y nos presentamos.  Nuestro conductor se llamaba Mike y lo primero que me dijo fue que odiaba su trabajo, pasaba demasiado tiempo solo con sus pensamientos, durmiendo en el camión y no podía tener vida social.  Para mi gran alivio hablaba inglés así que Noa pudo participar mucho más en la conversación, así hablamos de muchas cosas, experiencias, familias y detalles de nuestras vidas.  Fue una noche muy agradable, sentado en la cabina de un camión, cruzando las autopistas del norte de España, escuchando una excelente compilación de música que Mike tenía y sientiendo la felicidad que ofrece la vida cuando un pequeño detalle cambia nuestros planes radicalmente.
Mike nos contó que llevaba cargamento hasta una ciudad al norte de Galicia que coincidencialmente estaba en la vía donde nosotros queríamos empezar el camino de Santiago.  Aún faltaban 300 km para llegar allí y era muy tarde, pero teníamos la opción de coronar el trayecto en un solo toque.
Cuando llego su hora de dormir, Mike aparcó en un gran lote de camiones y nosotros nos escabullimos entre las grandes ruedas y el olor a combustible hasta encontrar un lugar en medio del concreto donde acampar.  El truco era que no nos viera nadie porque Mike tenía miedo a ser multado.


Al siguiente día bien temprano volvimos al camión y continuamos el trayecto por otro par de horas hasta que llegamos a Pedrafita Do Cebreiro.  Allí tomamos un café con Mike y Noa y yo continuamos con lo que sería la última parte de nuestro viaje por España, el peregrinaje a Santiado de Compostela.

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2 comments:

Manu said...

¡Qué bueno que hayas pasado por mi tierra (Galicia)!, espero que te haya gustado. Yo en octubre voy a visitar la tuya.
Saludos desde la Rias Baixas.

Nicolas said...

Caramba que aventura, quedo a la espera de la próxima historia. Un abrazo

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