Principios de Francófilo

Muy temprano en la mañana del 17 de agosto del 2009, luego de una noche en donde la emoción no dejo dormir, agarre mis maletas, tome un tren hasta el aeropuerto y empecé un viaje largo y solitario a lo desconocido.  Exactamente un año después, por casa de esas coincidencias de la vida, estaba haciendo lo mismo.  Agarre mis maletas, esta vez me llevaron al aeropuerto y tomé otro avión que me llevaba a lo que sería otro conjunto de aventuras y personas inolvidables.
Esta vez mi destino no era tan lejano e inhóspito, sino que al contrario se basaría en la comodidad y practicabilidad de Europa occidental.  Por mucho tiempo le huí a estos destinos ya que de cierta manera son muy predecibles y también son muy costosos pero esto mismo hacía parte del reto de ver estos lugares desde otro ángulo.
Llegué al aeropuerto de Marsella donde conocí a una chica bien guerrera y alternativa en el bus.  Era francesa y estaba en Marsella solo por este día porque estaba embarazada y ella tenía un problema en la sangre y tenía una cita en un hospital famoso.  
Fue una amistad de pocas horas, con ella deambule un poco Marsella mientras charlábamos de nuestras aventuras.  Ella me contó que le encantaba el auto stop y lo hacía sola desde los 17 años.  Ahora vive en un carro con su novio, viviendo de nómadas por toda Francia mientras trabajan en oficios varios.
El hecho de estar embarazada no la detenía para seguir sus placeres como fumar y beber alcohol, definitivamente ella tenía una personalidad bien fuerte.  Definitivamente este viaje prometia muchas cosas con un comienzo así!



Cecile, fumando con la barriga de 6 meses
Luego tome un bus hasta Riez, en donde me encontré con Genevieve o más llamada Yoyo.  Una chica que conocí en Tailandia y que me invitó a la casa de su tía.
El lugar esa espectacular, con vistas preciosas sobre una presa artificial de color azul perfecto en un lugar exclusivo.  Así pase unos días charlando con Yoyo y su buena amiga Aurelie, comiendo exquisita comida francesa y viviendo un poco la cultura.  La tía una mujer de armas tomar dirigía la diversión con precisión eficaz, haciendo caber un par de idas al bar del pueblo con baile incluido, un concierto de jazz y varios chapuzones en el agua.
A veces la comunicación era difícil por la barrera idiomática pero aún así tuve conversaciones bien interesantes.  Además de que por las noches el cielo tenía miles de estrellas que se reflejaban con la luna sobre la superficie del lago.

Vista desde la casa, agua azul perfecta

Yoyo


Yoyo y Aurelie

en Francia se cocina con tijeras


La tia de Yoyo (al fondo)
Lastimosamente no tenía mucho tiempo y tuve que dejar este lugar paradisiaco.  Por casualidad me enteré que una gran amiga que vivia en Londres estaba visitando a su padre en Arles y aproveche para colarme en la visita. Tenía cita con Ingrid a eso del medio día en la plaza del pueblo y mientras esperaba en un día caluroso de verano, veía a la gente ir y venir y refrescarse de alguna forma.  Esto si es verano! no lo que experimenté en el Reino Unido.
Me encontré con Ingrid y fue muy lindo ya que nunca se nos paso por la mente que yo estaría por su ciudad natal, compartiendo con su familia.  Conocí a su hermana Severine, a su padre Enrique y a un conocido mutuo colombiano que también estaba de gorra.  Mi amiga y su hermana hablan español, así que se convirtió de repente en un ambiente latino, para el pesar del padre de Ingrid.
Estos fueron otros días que pase en familia, con gente muy querida y hospitalaria.


Que calor!
 Apreciando aún más la deliciosa arte culinaria francesa

Dando paseos por Arles

Ingrid y Severine

Y por los pueblos aledaños.




Ingrid y yo no desperdiciábamos oportunidad para meternos en cualquier charco ya que el calor estaba subiendo bastante.


En mi última tarde sugerí dar un paseo por el icónico Pont Du Gard que es un acueducto romano de colosales proporciones muy bien conservado.  Yo ya había estado allí hace 4 años y fue interesante comparar las dos visitas.

Pont du Gard





Una vez más debí partir con prisas y a regaña dientes.  Mi siguiente destino era más a la deriva, a lo desconocido y no podía dejar de preguntarme porque tenía que dejar gente tan amable y linda que me acogieron como familia para buscar lo que no se me había perdido en otro lugar.

Gracias a la increíble y generosa ayuda de Severine logre encontrar un puesto en un carro que me llevo hasta Valencia en España.  El sistema se llama co-voiture en Francia y trata de que la gente pone en una página web el destino a donde van y quieren que otra gente se una en el trayecto para bajar costos.  Funciona super bien, aunque me toco salir a las 2 a.m. pero pagué la mitad del pasaje oficial en bus.

Share this post!

Bookmark and Share

0 comments:

Post a Comment

Comentarios y criticas serán bien recibidas