Fiestas a la valenciana

En un carro lleno a tope y con la incomodidad del sueño interrumpido que solo tiene lugar en viajes en carro de noche, dejé Francia y gente que me acogió con mucha hospitalidad para ir a lo desconocido.  Para qué? no estaba muy seguro en ese momento. Ni tampoco estaba muy seguro a lo largo del día cuando llegué en un calor sofocante a Valencia con un trasnocho enfermizo que no me permitió hacer mucho más que ver la gente pasar en la plaza mayor.  Fue un día largo y poco productivo, lo pase leyendo James Herriot, autor que me puede hacer llorar y reir en un mismo parrafo, y también tomando siestas en un restaurante de comidas rápidas mientras el día pasaba y yo luchaba por encontrar un lugar donde dormir.  
Mientras estaba en el lugar de comida chatarra, veía como grupos de mochileros avanzaban por la ciudad, con sus mochilas al hombro enfrentando al poniente.  Muchos de ellos hacían como yo y se refrescaban en el restaurante; un grupo de ellos, se confiaron demasiado y su mochila desapareció en frente de sus narices y de las mías.  Aún no puedo explicarme como sucedió porque era una mochila grande, pero entre tantos mochileros supongo no es tan difícil tomar cualquier mochila descuidada y caminar por la puerta principal como si nada.
Después de varios atentos de conseguir un lugar donde dormir esa noche, encontré hospedaje con Esperanza y su familia.  Ellos son de Colombia y me fueron recomendados por Ingrid mi amiga en Francia.  Ellos hicieron un acto humanitario de recibir en su casa a un mochilero lichigo y con mal aspecto.  Pero este acto me devolvió el alma al cuerpo ya que pude dormir bajo techo esa noche y al siguiente día, sin mochila al hombro, pude explorar un poco la ciudad, aunque no tanto porque estaba más obsesionado con terminar el libro.  Aún así lo poco que ví de Valencia me gusto.




VLC, el reproductor de videos?




El objetivo de ir a Valencia era para asistir a la archi famosa Tomatina que toma lugar en el pueblo de Buñol a 40 minutos de Valencia.  Las fiestas duran toda la semana, pero el evento principal es la guerra del tomate, donde camiones cargados con toneladas de tomate pasan por la plaza central botando el tomate a la gente que ansiosamente espera para iniciar una guerra en medio del tumulto.  Esa misma noche me dirigí a Buñol, para mi desgracia mi cámara entro en huelga y no pude tomar fotos, pero mientras trataba de conseguir baterias en medio de la cantidad de gente que se dirigía al pueblo, me tope con Jacky, una chica americana que conocí en la isla de bambú en Camboya 6 meses antes.  Fue inverosimil aquel encuentro, pero ahora ya tenía "amigos" con quienes pasar la noche.  La noche pintaba bastante bien. Una vez en Buñol, comimos, e hicimos más amigos de fiesta con los cuales nos dirigimos al final a la plaza central del pueblo, donde parrandeamos al estilo español hasta las cortas horas de la mañana.  Ví como los "giris" se transformaban en animales de fiesta con el clima super placentero, la música contagiosa y el ambiente tan amigable.  Al final después de tanto baile decidimos dormir un poco porque la Tomatina tendría muchísima gente y necesitabamos recargas las baterias.  La mayoría de los lugares para dormir estaban ya ocupados, bancas, parques, cespedes, y en la búsqueda terminamos por colarnos en un jardín infantil para dormir bajo unas carpas de plástico.  A las 6 de la mañana la temperatura bajo suficiente para hacernos desbaratar las carpas y abrigarnos con ellas.  A las 7 nos despertaron unas personas haciendonos rearmar las carpas pero luego nos dejaron la puerta del jardín abierta así que seguimos durmiendo en un salón de clase.  Es increíble la amabilidad de los españoles, que al darse cuenta de nuestro acto impune, caminaban en puntas de pie y cerraban la puerta con cuidado de no hacer ruido en vez de levantarnos a gritos como pasaría en muchos otros lugares.

Cuando por fin nos levantamos y caminamos por el pueblo, nos dimos cuenta de que mucha gente siguió la fiesta sin parar y había gran cantidad de borrachos y gente que aún seguía bebiendo, lo cual no me dio buena espina.
Nos dirigimos al centro del pueblo y mis sospechas fueron confirmadas, habia un tumulto de gente imposible el cual hacía difícil respirar, y las quebradas de gente seguían afluyendo la ya atiborrada plaza central.  Las siguientes dos horas de espera por los camiones fueron interminables.  Mucha gente por su estado de embriaguez armaban problema y los empujenes que iban y venía como mar bravo no cesaron.  Más encima, había una ola de calor climática que hizo el lugar aún más caliente que de costumbre.  Al poco tiempo de estar batallando gente todos estabamos empapados con sudor, generalmente ajeno y como pajaros recién nacidos mirabamos a las habitantes en sus terrazas para que nos tiraran un poco de agua para refrescarnos.  Los famosos camiones cargados de tomate llegaron y para mayor preocupación tenían que pasar por donde no cabía ni un alfiler, así que empezó una rafaga aún más salvaje de empujones y apretones abriendo espacio a los camiones, cuando por fin los camiones pasaron dandonos munición para una guerra sin piedad, la diversión inició con una felicidad que hacía valer la pena la espera incómoda entre la muchedumbre.  Ropa cargada de tomate saltaba por doquier, el cielo era un bombardeo de verdura y ahora el aire estaba infectado con el olor de tomate podrido al calor del sol junto con sudor y tufo.
Fué una experiencia inolvidable que tenía en mente por muchos años y me alegro mucho de haberla podido vivir, pero no la volvería a repetir.  Es demasiado famosa y popular haciendo que horads incontables de gente asista y pareciera que los "giris" recibieran visado para la estupidez apenas entran a España.

Luego de los vestigios rojos que manchaban el centro del pueblo, cada cual luchó por limpiarse como pudo de este olor nauseabundo y pegajoso, mientras muchos continuan la fiesta al rayo del sol y vino de mesa.

Por fín me encontre con Noa, una amiga que conocí unos meses antes y que sería mi compañera de viaje por las siguientes semanas.  Habíamos planeado encontrarnos allí pero no alcanzamos a vernos antes de la Tomatina.

Dejenme presentarles a Noa.  La conocí haciendo una caminata de varios días en las montañas de la región Shan en Birmania.  Noa llevaba ya casi dos años de viaje y estas eran sus últimas semanas antes de empezar la universidad.  Noa era la compañera de viaje perfecta que necesitaba para este trayecto de viaje, ya que es "todo terreno".  Ella hizo caminatas bien bravas en Nepal por 2 meses, recorrío la longitud de Israel, 900 km, de sur a norte a pie, y en Laos compró una canoa y navegó río abajo hasta llegar a la frontera con Camboya, no sin antes volcarse un par de veces en las revoltosas aguas del Mekong.


Noa
 Regresamos a Valencia y nos quedamos una noche más en casa de Esperanza y su familia, donde nos divertimos mucho con su marido, José locutor de radio de afición que tenía el don de la palabra humoristica.  A la mañana siguiente jugamos un buen rato con sus hijas mientras nos mostraban orgullosas sus juguetes y dibujos del colegio.


José y Noa


Le dimos un vistazo a la impresionante ciudad de las artes y las ciencias de Valencia pero el calor nos estaba aplacando sin compasión.  




 Mientras seguiamos caminando en busca de una playa donde pasar la noche encontramos este afiche que anunciaba un festival de reggae al cual terminamos yendo por curiosidad.


No sabiamos que esperar, pero según me enteré luego es el festival de reggae más grande de Europa, lo cual implicaba que había otra multitud descarada de gente con rastas, fumando porros y con pintas super alternativas.  La mitad parecían ser italianos debido a que el festival siempre es en Italia pero este año fue en España.  
A pesar de la gran cantidad de gente, no se percibía el ambiente de acoso y agobío que experimentamos en la Tomatina, acá al contrario la invasión al espacio personal invisible era respondida con un reajuste en serie que dejaba a todo el mundo suficiente lugar para moverse sin rozar.  
Fue otra experiencia increíble, sumado a que nos sentiamos como mosca en leche por la ropa y el estilo del pelo que no teníamos

Bienvenido en hebreo




Al día siguiente antes de partir le dimos un vistazo al festival y pudimos apreciar varias muestras de arte interesante.  Luego seguimos a las masas hasta las playas de Benicassim donde la mayoria de vagabundos, perro flautas, alternativos, viajeros, mochileros y demas pasaban el día escapando del calor en las gloriosas aguas del mediterraneo.  
las duchas




 Fue una tarde donde el sonido de los tambores unió gente de distintos colores bajo un retumbo que vibraba dentro de cada uno.

Rasta



Rastas


Perro de vagabundos

Perro flautas
Este día era el cumpleaños de mi tía Maritza, que es como una hermana para mí, pero la lejanía e imverosímil situación hicieron que se me pasara de alto.  Esta es la realidad paralela del viajero que sin querer muchas veces pierde noción del tiempo y la realidad de la cual escapó. 
Esa noche dormimos en la playa y un amanecer de colores saturados proclamaba a gritos la sensación de libertad que solo se obtiene al pasar la noche completamente expuesto a los elementos de la naturaleza.

Pernoctando 

Amanecer saturado


Nuestro siguiente destino fue una de las ciudades más turísticas de Europa que siempre trae recuerdos vívidos y sonrisas fugacez a quienes la han visitado: Barcelona.

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