Más aventuras en el Reino Unido

Londres fue mi ciudad adoptiva por varios años, es una ciudad increíble! Mucha gente desarrolla una especie de relación adictiva de amor-odio con esta central urbana. Amamos su gran variedad de eventos, su multi culturalidad, su inmensa variedad de cosas por hacer, de oportunidades, las cosas que se pueden conseguir, la historia, la arquitectura, los diferentes ambientes para todos los gustos, sabores y bolsillos, pero odiamos su tamaño, su super aglomeración, la baja calidad de su vivienda, el metro con sus descaradas demoras y lo más grave de todo, su clima.
Aún así, es una ciudad que se puede visitar una y otra vez porque siempre tiene algo que ofrecer, yo estaba de regreso en esta capital mundial de la humanidad después de las aventuras del viaje en bici por escocia. Esos días los pase re descubriendo esos bellos lugares que tantos recuerdos me traen como las casas del parlamento:


 O redescubriendo nuevos lugares, como los antiguos cementerios que batallan por sobrevivir contras las fuerzas de la naturaleza:



 Por casualidad un chico de Corea que conocí en China llamado Min estaba de visita por Londres, y con muchísimo gusto nos encontramos y pasamos una noche de risas, recordando no tan viejos tiempos de viaje en la provincia de Yunan y creando nuevos recuerdos.
Min

Min, Vanesa y yo
 Para estas fechas, tuve que tomar una decisión. El tema venía a que en teoría aún tenía trabajo, o mejor dicho un puesto guardado al cual podría regresar con hacer una llamada telefónica, pero mi madre me sugirió que fuera a Colombia en Diciembre para pasar navidad en familia y celebrar su cumple número 50. Así que mis opciones eran regresar a trabajar y viajar a Colombia en temporada alta por dos semanas o continuar la vagancia hasta enero. Luego de mirar el dinero que me quedaba y reflexionar un poco decidí que unos cuantos meses más no harían mayor diferencia, especialmente para los planes que tenía después del viaje, así que ese día renuncié a mi trabajo. Oficialmente estaba desempleado. Resultó ser una de las mejores decisiones que tomé en este viaje.
Continuando con la vagancia, tenía en mente dos cosas, la primera que aún tenía un billete de tren reservado desde el extremo suroeste de Inglaterra (en Cornwall, lugar donde terminaría el viaje en bici) y la segunda era que Maria de super especial me había invitado a una obra de teatro en un lugar fenomenal allí en Cornwall, así que decidí llegar hasta Land’s End, otra vez de forma alternativa.
Tome un bus que me llevo a Southhampton, donde me encontré con una amiga bien particular llamada Ellie. Ellie es una de estas personas que son super activas, vivió dos años en una carpa en la copa de un árbol en la jungla en Indonesia y también vivió otro poco de tiempo en Mongolia, haciendo un estudio de aves y completando la maratón del Gobi en la nieve. Esa noche echamos bastante chisme y me contó que al día siguiente iría con su novio y otra gente a halar un avión. Tal y como suena, 15 desocupados atan una cuerda a un avión y lo mueven 50 metros. Al día siguiente emprendí camino al oeste, esta vez tratando de hacer auto stop. La distancia no era tan grande, 350 km, pero de seguro que traería retos interesantes.
Ellie
 Como siempre se comenten errores de principiante que se aprenden rápido, como por ejemplo el hecho de que es prácticamente imposible recibir un aventón dentro de una ciudad. Luego de esperar por casi una hora decidí tomar un un bus que me sacara de la periferia. Luego de esto era cuestión de caminar y cruzar autopistas, con el incesante ruido de los motores que siguen su paso, buscando un buen lugar para echar dedo y viendo como las nubes grises se avecinan en el horizonte amenazandome de forma retadora. Al poco tiempo me recogió una pareja adinerada que no estaban interesados en hablar mucho, pero me dieron algunos consejos para el auto stop ya que ellos lo hacían en su juventud.
Desde el lugar donde me dejo esta pareja tuve que caminar y esperar casi una hora bajo un viento fastidioso y mucha llovizna fría. De repente un chico muy buena gente me recogió. El era de Brighton, la primera ciudad donde yo viví en Inglaterra y charlando con él descubrí que él había tomado el curso meditación que yo había tomado y el practicaba diariamente. El y su amiga Joe se dirigían a un festival en alguna colina en Devon y como nos caímos tan bien resultaron invitándome al festival. Esto del auto stop es super genial!
El festival fue una locura al estilo inglés, pero con cosas aún más chifladas ya que estaban en el campo y sumandole el hecho de que el tema del festival era ropa interior. Allí conocí a una chica inglesa que había acabado de llegar de Colombia. Ella vivió allí por un año en la ciudad de Neiva, donde se convirtió en una mini celebridad de pueblo. Aparecía en los periódicos locales y la entrevistaron un par de veces en la televisión. Que vergüenza patriótica.
La señal

El tema de la fiesta




Anton

Joe
 La siguiente mañana me desperté con mucha expectativas de lo que me traería este día. Ignoraba completamente que vendría acompañado de una montaña rusa de emociones concentradas. Anton me llevó hasta el pueblo más cercano al mini festival. De allí unos chicos que también estaban en el festival me llevaron por un rato más. Desde donde estos chicos me dejaron, camine un poco y a los 10 minutos me recogió un señor llamado Rob, el cual era bien interesante, conocía 83 países, era fotógrafo y había tenido experiencias increíbles en países como Corea del Norte. Rob me dejó en Plymoth, una ciudad que está en el limite entre Devon y Cornwall separados por un río. Cruce el puente y oficialmente estaba en el salvaje oeste británico. Empecé a caminar a través de la ciudad para llegar a sus desembocaduras, pero el peso de la maleta me estaba desanimando un poco.
Aquí Devon, allá Cornwall


  Al rato me recogió un tipo dentro de la ciudad el cual me dijo que siempre recogía gente en auto stop porque él lo hizo mucho cuando joven. Lo segundo que me dijo fue que no me llevaría por los caminos principales porque la policía lo conocía y tendía a pararlo. oh oh, donde me he metido.
Cuando menos me dí cuenta ya habíamos arrancado. Este tipo, llamado Collin me dio muy buenos consejos acerca del auto stop, como por ejemplo encontrar un buen lugar para que los carros paren (esencial), también me dijo que cuando encontrará un lugar que esperara y esperara hasta que alguien me llevara. Caminando no se llegaría demasiado lejos y se pierde la oportunidad de que los carros paren sin causar accidentes, ningún carro le va a parar a uno en plena autopista. Luego de un trayecto un poco extremo, por la forma de conducir de este tipo además de sus peculiaridades de personalidad, me dejó en un buen lugar para pillar otro viaje y aún mejor, me dejo una historia que recordaré por mucho tiempo.
Aquí fue donde tocó practicar lo que había recién aprendido. Estuve varado por más de una hora allí viendo pasar muy pocos carros. Una hora con una señal de auto stop se pasa muy lentamente y la desesperación crece desmesuradamente segundo a segundo. Un señor llamado Dave me llevó por un trayecto corto , con el pesar de él ya que quería hablar por un rato, al poco rato me recogió otro señor llamado Carl, él era de Yorkshire.
Cuando terminé este último trayecto ya empezaba a sentir el cansancio. Hacer auto stop desgasta mucho, no solo toca caminar por buen rato con maleta al hombro al lado de carreteras ruidosas para luego poner la mejor cara y buscar un acto de caridad en cada conductor que pasa, sino que una vez se obtiene un asiento, toca llenarse de energía y mantener una conversación, con desconocidos, conversación que por razones sociales no se puede dejar morir y que termina siendo la misma en cada carro.
El último auto no me dejo en muy buena posición para coger otro viaje. Así que tuve que caminar bastante para encontrar un lugar medio decente. Allí estuve varado por dos horas. Ya cansado y abatido, viendo las últimas horas del sol de verano opacarse bajo mi señal arrugada me rendí. Seguía aún pidiéndole a los carros que me llevaran, pero lo hacía sentado sobre mi maleta y con cara agotada. De la nada, salió un carro que disminuyo su velocidad y abrió su puerta frente a mí invitándome a seguir. Se me hizo igual a cuando en las películas un milagro ocurre, con música angelical de fondo tornando la situación 180 grados en cuestión de un segundo. El señor que me recogió se llamaba Chris, y afortunadamente iba hasta Penzance, mi destino final en auto stop. El me contó que el era cristiano fervoroso y que al verme en el suelo sabía que tenía que llevarme. Me dijo que nunca toma ese camino y que ya iba rumbo a una iglesia que le gusta allí en Penzance, pero olvidó su biblia y regreso por ella y por eso fue que se topo conmigo. Las hermosas y extrañas coincidencias de la vida.
Chris me dejo justo en la estación de tren y al llegar allí experimente un tipo de felicidad que no tenía desde mi viaje en auto stop en Tailandia. Es difícil de explicar, es el sentido de satisfacción, luego de haber luchado por algo con todo lo que se tiene pero al mismo tiempo de haber jugado con el destino y la suerte y haber salido triunfante. Un chico alemán que conocí en China me explicó que físicamente el cuerpo suelta una hormona particular y por eso se percibe esta sensación tan especial.
esperando

conquista!
Al rato llegó María que venía desde Londres en tren junto con su hermana y padre. Luego de charlar un buen rato, comer pescado y papas fritas (fish and chips) y deambular por Penzance nos fuimos a dormir. Yo en la carpa y ellos a una casa de huéspedes.
Tomamos camino hacía Land's End, el lugar que sería la meta de mi viaje en bici. Al llegar allí, no podía evitar tener sentimientos encontrados de como hubiera sido mi viaje, y que tipo de aventuras hubiera tenido si hubiera podido recorrer toda la distancia en bicicleta. Allí mismo el clima inglés nos dio pequeña tregua para tomar una buena foto. pero más tarde la tregua acabó y las siguientes horas que pasamos caminando fueron un poco penosas con el gran viento y la constante llovizna. Aún así,  
Desde Penzance


Marea baja

Padre de Maria

Maria y padre


Cornwall no deja de ser un lugar muy bonito, con sus colinas golpeadas por el viento que se enrollan a lo largo de la costa desafiando al atlántico.
Caminando llegamos al teatro Minack, un lugar realmente especial. La historia de este teatro trata de una mujer que frecuentaba un acantilado al frente del mar y tuvo la visión de construir un teatro al estilo romano en este sitio. Comenzó ella sola a edificar su sueño, peldaño por peldaño, tallando en la piedra, con mucha paciencia y luego de terminar una parte más gente se unió y lo hicieron aún más grande de lo que ella había imaginado en un principio. La acústica es fenomenal y mejor aún, se tiene una vista del mar increíble mientras se esta viendo una presentación.



 Yo nunca he sido fanático del teatro, y a pesar de la excelencia de la obra, no pude disfrutarla mucho, un poco por el clima frío y lluvioso y otro poco porque era una obra de Shakespeare en donde ni los mismos ingleses entendían la mitad de las palabras! Por desgracia el bus que nos llevaba de regreso no pasaría hasta terminada la obra, así que toco aguantarse hasta el final de la presentación.
Esa noche me despedí de María y su familia y me fui a buscar lugar para montar la carpa. Fue una caminata un poco larga y tediosa y esta vida de vagabundo me estaba empezando a quemar. Encontré un lugar al lado del mar y allí pase la noche, tenía la gran esperanza de que vería un amanecer bien lindo antes de tomar el tren, pero por el contrario llovió toda la noche y cuando me llegó la hora de irme me toco desmontar la carpa en medio de la lluvia, dejándome en condiciones miserables para mi relativamente largo viaje en tren hasta Londres. Llovió todo el transcurso del tren y para no chupar tanto frío colgué las medias empapadas en los asientos. Dormí a medias, comí a medias y cuando llegue a un Londres lluvioso me sentía con poco ánimo.
Al siguiente día me encontré con Tanya y nos fuimos en carro hasta Gales. Luego de un buen número de horas cruzamos la frontera entre Inglaterra y Gales y empezamos a echarle ojo a ver cuantas ovejas veíamos. Vale la pena decirlo, Gales es famoso porque tiene muchas ovejas.
Terminamos acampando cerca a Snowdon, la montaña más alta de Gales, donde pasamos una noche bien tranquila al lado de un arroyo en frente de las bien escénicas montañas del parque de Snowdonia.


 Fuimos despertados por la voz de una señora que nos pidió dinero por quedarnos en su propiedad, recién despertados no es fácil pensar bien que esta pasando y era más fácil darle las dos libras que pedía que dialogar con ella. Lastimosamente esta señora rompió mi record de no pagar por acomodación en este viaje en el Reino Unido.
Para variar el clima británico no ayudó en nuestra empresa, fue un día duro, con mucho frío, mucho viento y lluvia y niebla. Así subimos hasta la cima de Snowdon y esto fue lo único que pudimos ver:

Solo niebla en la cima

Oveja en Gales, que raro
 De bajada el clima mejoró un poco, y pudimos ver un poco más el paisaje. Noten la gran nube sobre el lago.


 Y aclaró un poco más para el atardecer, dejándonos disfrutar de un poco de color. Otra noche más al lado del arrollo pero esta vez nos despertamos muy temprano para evitar pagarle a la codiciosa señora. Emprendimos camino a Londres por los pueblos de Gales y me sorprendió mucho escuchar a la gente hablando galés como primera lengua, pensé que solo los ancianos lo hablaban pero creo la gente lo defiende como parte de su cultura. Además de que estábamos en la parte norte de Gales, que es más rural y lejano de las ciudades grandes.



Gales es famoso por sus montañas 

Bizontes americanos, una granja en el camino

Se que hice buen número de menciones al clima en mis últimas dos entradas, pero es que cuando se esta expuesto a los elementos de la naturaleza la mayor parte del tiempo, las condiciones atmosféricas juegan un papel fundamental y pueden hacernos pasar ratos muy malos donde no es fácil encontrar la belleza en esta parte de la naturaleza. Por eso Regrese a Londres un poco acongojado, menos mal allí tenía un techo bajo el cual dormir. Me encontré con distintos amigos, até ciertos cabos que tenía sueltos y a los pocos días aliste maleta otra vez y partí hacia tierras que prometían un poco más de sol.
Así concluyó esta gran aventura en las islas británicas y coincidencialmente el día que volví a partir fue el mismo día que deje Inglaterra un año atrás para comenzar este gran viaje a lo desconocido.
Estas crónicas tuvieron lugar hace ya 9 meses. Pero poco a poco me voy poniendo al día. Gracias por leer una vez más.

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3 comments:

Julián García said...

!envidia! lo felicito

Claudia Moros said...

Me encantan tus chocoaventuras :)

Nicolas said...

Esperando ansioso los siguientes relatos

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Comentarios y criticas serán bien recibidas