Más aventuras en el Reino Unido

Londres fue mi ciudad adoptiva por varios años, es una ciudad increíble! Mucha gente desarrolla una especie de relación adictiva de amor-odio con esta central urbana. Amamos su gran variedad de eventos, su multi culturalidad, su inmensa variedad de cosas por hacer, de oportunidades, las cosas que se pueden conseguir, la historia, la arquitectura, los diferentes ambientes para todos los gustos, sabores y bolsillos, pero odiamos su tamaño, su super aglomeración, la baja calidad de su vivienda, el metro con sus descaradas demoras y lo más grave de todo, su clima.
Aún así, es una ciudad que se puede visitar una y otra vez porque siempre tiene algo que ofrecer, yo estaba de regreso en esta capital mundial de la humanidad después de las aventuras del viaje en bici por escocia. Esos días los pase re descubriendo esos bellos lugares que tantos recuerdos me traen como las casas del parlamento:


 O redescubriendo nuevos lugares, como los antiguos cementerios que batallan por sobrevivir contras las fuerzas de la naturaleza:



 Por casualidad un chico de Corea que conocí en China llamado Min estaba de visita por Londres, y con muchísimo gusto nos encontramos y pasamos una noche de risas, recordando no tan viejos tiempos de viaje en la provincia de Yunan y creando nuevos recuerdos.
Min

Min, Vanesa y yo
 Para estas fechas, tuve que tomar una decisión. El tema venía a que en teoría aún tenía trabajo, o mejor dicho un puesto guardado al cual podría regresar con hacer una llamada telefónica, pero mi madre me sugirió que fuera a Colombia en Diciembre para pasar navidad en familia y celebrar su cumple número 50. Así que mis opciones eran regresar a trabajar y viajar a Colombia en temporada alta por dos semanas o continuar la vagancia hasta enero. Luego de mirar el dinero que me quedaba y reflexionar un poco decidí que unos cuantos meses más no harían mayor diferencia, especialmente para los planes que tenía después del viaje, así que ese día renuncié a mi trabajo. Oficialmente estaba desempleado. Resultó ser una de las mejores decisiones que tomé en este viaje.
Continuando con la vagancia, tenía en mente dos cosas, la primera que aún tenía un billete de tren reservado desde el extremo suroeste de Inglaterra (en Cornwall, lugar donde terminaría el viaje en bici) y la segunda era que Maria de super especial me había invitado a una obra de teatro en un lugar fenomenal allí en Cornwall, así que decidí llegar hasta Land’s End, otra vez de forma alternativa.
Tome un bus que me llevo a Southhampton, donde me encontré con una amiga bien particular llamada Ellie. Ellie es una de estas personas que son super activas, vivió dos años en una carpa en la copa de un árbol en la jungla en Indonesia y también vivió otro poco de tiempo en Mongolia, haciendo un estudio de aves y completando la maratón del Gobi en la nieve. Esa noche echamos bastante chisme y me contó que al día siguiente iría con su novio y otra gente a halar un avión. Tal y como suena, 15 desocupados atan una cuerda a un avión y lo mueven 50 metros. Al día siguiente emprendí camino al oeste, esta vez tratando de hacer auto stop. La distancia no era tan grande, 350 km, pero de seguro que traería retos interesantes.
Ellie
 Como siempre se comenten errores de principiante que se aprenden rápido, como por ejemplo el hecho de que es prácticamente imposible recibir un aventón dentro de una ciudad. Luego de esperar por casi una hora decidí tomar un un bus que me sacara de la periferia. Luego de esto era cuestión de caminar y cruzar autopistas, con el incesante ruido de los motores que siguen su paso, buscando un buen lugar para echar dedo y viendo como las nubes grises se avecinan en el horizonte amenazandome de forma retadora. Al poco tiempo me recogió una pareja adinerada que no estaban interesados en hablar mucho, pero me dieron algunos consejos para el auto stop ya que ellos lo hacían en su juventud.
Desde el lugar donde me dejo esta pareja tuve que caminar y esperar casi una hora bajo un viento fastidioso y mucha llovizna fría. De repente un chico muy buena gente me recogió. El era de Brighton, la primera ciudad donde yo viví en Inglaterra y charlando con él descubrí que él había tomado el curso meditación que yo había tomado y el practicaba diariamente. El y su amiga Joe se dirigían a un festival en alguna colina en Devon y como nos caímos tan bien resultaron invitándome al festival. Esto del auto stop es super genial!
El festival fue una locura al estilo inglés, pero con cosas aún más chifladas ya que estaban en el campo y sumandole el hecho de que el tema del festival era ropa interior. Allí conocí a una chica inglesa que había acabado de llegar de Colombia. Ella vivió allí por un año en la ciudad de Neiva, donde se convirtió en una mini celebridad de pueblo. Aparecía en los periódicos locales y la entrevistaron un par de veces en la televisión. Que vergüenza patriótica.
La señal

El tema de la fiesta




Anton

Joe
 La siguiente mañana me desperté con mucha expectativas de lo que me traería este día. Ignoraba completamente que vendría acompañado de una montaña rusa de emociones concentradas. Anton me llevó hasta el pueblo más cercano al mini festival. De allí unos chicos que también estaban en el festival me llevaron por un rato más. Desde donde estos chicos me dejaron, camine un poco y a los 10 minutos me recogió un señor llamado Rob, el cual era bien interesante, conocía 83 países, era fotógrafo y había tenido experiencias increíbles en países como Corea del Norte. Rob me dejó en Plymoth, una ciudad que está en el limite entre Devon y Cornwall separados por un río. Cruce el puente y oficialmente estaba en el salvaje oeste británico. Empecé a caminar a través de la ciudad para llegar a sus desembocaduras, pero el peso de la maleta me estaba desanimando un poco.
Aquí Devon, allá Cornwall


  Al rato me recogió un tipo dentro de la ciudad el cual me dijo que siempre recogía gente en auto stop porque él lo hizo mucho cuando joven. Lo segundo que me dijo fue que no me llevaría por los caminos principales porque la policía lo conocía y tendía a pararlo. oh oh, donde me he metido.
Cuando menos me dí cuenta ya habíamos arrancado. Este tipo, llamado Collin me dio muy buenos consejos acerca del auto stop, como por ejemplo encontrar un buen lugar para que los carros paren (esencial), también me dijo que cuando encontrará un lugar que esperara y esperara hasta que alguien me llevara. Caminando no se llegaría demasiado lejos y se pierde la oportunidad de que los carros paren sin causar accidentes, ningún carro le va a parar a uno en plena autopista. Luego de un trayecto un poco extremo, por la forma de conducir de este tipo además de sus peculiaridades de personalidad, me dejó en un buen lugar para pillar otro viaje y aún mejor, me dejo una historia que recordaré por mucho tiempo.
Aquí fue donde tocó practicar lo que había recién aprendido. Estuve varado por más de una hora allí viendo pasar muy pocos carros. Una hora con una señal de auto stop se pasa muy lentamente y la desesperación crece desmesuradamente segundo a segundo. Un señor llamado Dave me llevó por un trayecto corto , con el pesar de él ya que quería hablar por un rato, al poco rato me recogió otro señor llamado Carl, él era de Yorkshire.
Cuando terminé este último trayecto ya empezaba a sentir el cansancio. Hacer auto stop desgasta mucho, no solo toca caminar por buen rato con maleta al hombro al lado de carreteras ruidosas para luego poner la mejor cara y buscar un acto de caridad en cada conductor que pasa, sino que una vez se obtiene un asiento, toca llenarse de energía y mantener una conversación, con desconocidos, conversación que por razones sociales no se puede dejar morir y que termina siendo la misma en cada carro.
El último auto no me dejo en muy buena posición para coger otro viaje. Así que tuve que caminar bastante para encontrar un lugar medio decente. Allí estuve varado por dos horas. Ya cansado y abatido, viendo las últimas horas del sol de verano opacarse bajo mi señal arrugada me rendí. Seguía aún pidiéndole a los carros que me llevaran, pero lo hacía sentado sobre mi maleta y con cara agotada. De la nada, salió un carro que disminuyo su velocidad y abrió su puerta frente a mí invitándome a seguir. Se me hizo igual a cuando en las películas un milagro ocurre, con música angelical de fondo tornando la situación 180 grados en cuestión de un segundo. El señor que me recogió se llamaba Chris, y afortunadamente iba hasta Penzance, mi destino final en auto stop. El me contó que el era cristiano fervoroso y que al verme en el suelo sabía que tenía que llevarme. Me dijo que nunca toma ese camino y que ya iba rumbo a una iglesia que le gusta allí en Penzance, pero olvidó su biblia y regreso por ella y por eso fue que se topo conmigo. Las hermosas y extrañas coincidencias de la vida.
Chris me dejo justo en la estación de tren y al llegar allí experimente un tipo de felicidad que no tenía desde mi viaje en auto stop en Tailandia. Es difícil de explicar, es el sentido de satisfacción, luego de haber luchado por algo con todo lo que se tiene pero al mismo tiempo de haber jugado con el destino y la suerte y haber salido triunfante. Un chico alemán que conocí en China me explicó que físicamente el cuerpo suelta una hormona particular y por eso se percibe esta sensación tan especial.
esperando

conquista!
Al rato llegó María que venía desde Londres en tren junto con su hermana y padre. Luego de charlar un buen rato, comer pescado y papas fritas (fish and chips) y deambular por Penzance nos fuimos a dormir. Yo en la carpa y ellos a una casa de huéspedes.
Tomamos camino hacía Land's End, el lugar que sería la meta de mi viaje en bici. Al llegar allí, no podía evitar tener sentimientos encontrados de como hubiera sido mi viaje, y que tipo de aventuras hubiera tenido si hubiera podido recorrer toda la distancia en bicicleta. Allí mismo el clima inglés nos dio pequeña tregua para tomar una buena foto. pero más tarde la tregua acabó y las siguientes horas que pasamos caminando fueron un poco penosas con el gran viento y la constante llovizna. Aún así,  
Desde Penzance


Marea baja

Padre de Maria

Maria y padre


Cornwall no deja de ser un lugar muy bonito, con sus colinas golpeadas por el viento que se enrollan a lo largo de la costa desafiando al atlántico.
Caminando llegamos al teatro Minack, un lugar realmente especial. La historia de este teatro trata de una mujer que frecuentaba un acantilado al frente del mar y tuvo la visión de construir un teatro al estilo romano en este sitio. Comenzó ella sola a edificar su sueño, peldaño por peldaño, tallando en la piedra, con mucha paciencia y luego de terminar una parte más gente se unió y lo hicieron aún más grande de lo que ella había imaginado en un principio. La acústica es fenomenal y mejor aún, se tiene una vista del mar increíble mientras se esta viendo una presentación.



 Yo nunca he sido fanático del teatro, y a pesar de la excelencia de la obra, no pude disfrutarla mucho, un poco por el clima frío y lluvioso y otro poco porque era una obra de Shakespeare en donde ni los mismos ingleses entendían la mitad de las palabras! Por desgracia el bus que nos llevaba de regreso no pasaría hasta terminada la obra, así que toco aguantarse hasta el final de la presentación.
Esa noche me despedí de María y su familia y me fui a buscar lugar para montar la carpa. Fue una caminata un poco larga y tediosa y esta vida de vagabundo me estaba empezando a quemar. Encontré un lugar al lado del mar y allí pase la noche, tenía la gran esperanza de que vería un amanecer bien lindo antes de tomar el tren, pero por el contrario llovió toda la noche y cuando me llegó la hora de irme me toco desmontar la carpa en medio de la lluvia, dejándome en condiciones miserables para mi relativamente largo viaje en tren hasta Londres. Llovió todo el transcurso del tren y para no chupar tanto frío colgué las medias empapadas en los asientos. Dormí a medias, comí a medias y cuando llegue a un Londres lluvioso me sentía con poco ánimo.
Al siguiente día me encontré con Tanya y nos fuimos en carro hasta Gales. Luego de un buen número de horas cruzamos la frontera entre Inglaterra y Gales y empezamos a echarle ojo a ver cuantas ovejas veíamos. Vale la pena decirlo, Gales es famoso porque tiene muchas ovejas.
Terminamos acampando cerca a Snowdon, la montaña más alta de Gales, donde pasamos una noche bien tranquila al lado de un arroyo en frente de las bien escénicas montañas del parque de Snowdonia.


 Fuimos despertados por la voz de una señora que nos pidió dinero por quedarnos en su propiedad, recién despertados no es fácil pensar bien que esta pasando y era más fácil darle las dos libras que pedía que dialogar con ella. Lastimosamente esta señora rompió mi record de no pagar por acomodación en este viaje en el Reino Unido.
Para variar el clima británico no ayudó en nuestra empresa, fue un día duro, con mucho frío, mucho viento y lluvia y niebla. Así subimos hasta la cima de Snowdon y esto fue lo único que pudimos ver:

Solo niebla en la cima

Oveja en Gales, que raro
 De bajada el clima mejoró un poco, y pudimos ver un poco más el paisaje. Noten la gran nube sobre el lago.


 Y aclaró un poco más para el atardecer, dejándonos disfrutar de un poco de color. Otra noche más al lado del arrollo pero esta vez nos despertamos muy temprano para evitar pagarle a la codiciosa señora. Emprendimos camino a Londres por los pueblos de Gales y me sorprendió mucho escuchar a la gente hablando galés como primera lengua, pensé que solo los ancianos lo hablaban pero creo la gente lo defiende como parte de su cultura. Además de que estábamos en la parte norte de Gales, que es más rural y lejano de las ciudades grandes.



Gales es famoso por sus montañas 

Bizontes americanos, una granja en el camino

Se que hice buen número de menciones al clima en mis últimas dos entradas, pero es que cuando se esta expuesto a los elementos de la naturaleza la mayor parte del tiempo, las condiciones atmosféricas juegan un papel fundamental y pueden hacernos pasar ratos muy malos donde no es fácil encontrar la belleza en esta parte de la naturaleza. Por eso Regrese a Londres un poco acongojado, menos mal allí tenía un techo bajo el cual dormir. Me encontré con distintos amigos, até ciertos cabos que tenía sueltos y a los pocos días aliste maleta otra vez y partí hacia tierras que prometían un poco más de sol.
Así concluyó esta gran aventura en las islas británicas y coincidencialmente el día que volví a partir fue el mismo día que deje Inglaterra un año atrás para comenzar este gran viaje a lo desconocido.
Estas crónicas tuvieron lugar hace ya 9 meses. Pero poco a poco me voy poniendo al día. Gracias por leer una vez más.
Read More!

Aventuras en dos ruedas

El Reino Unido, este país que contra su voluntad se convirtió en tierra adoptiva para mi. Allí pase 5 años de mi vida, allí he pasado la mayor parte de mi vida adulta, tantos recuerdos y experiencias de este lugar, pero después de haber estado allí por tanto tiempo, me di cuenta que aún no conocía muchos de sus lugares famosos por robarnos el aliento. Así que decidí conocer un poco más esta isla. Primero fui a pegarle una corta visita a Brighton, la primera ciudad donde empecé a vivir de forma independiente sin ataduras familiares. Nunca puedo evitar visitar esta ciudad tan alternativa y no tener uno que otro suspiro que me hace recordar la gente tan especial que conocí allí. Esta vez alcance a pegarle una visita a la señora que me alquiló un cuarto por un buen tiempo, una mujer de Finlandia que por poquito debe tener 90 años y que siempre me apoyo en esos duros días iniciales.

Las ruinas del muelle quemado
Después de esto fue una corta visita a Londres (lugar que se convertiría en mi base de exploración británica en las siguientes semanas) donde me quede con mi gran especial amiga Maria. Siempre es lindo volver a esta ciudad, que como siempre tiene sus encantos.
Maria de malabarista
Extraños en la calle
 También alcance a verme con mis compañeros de trabajo.


Y después de correr de aquí para allí y como siempre tareas de última hora logre conseguir lo que necesitaba para la exploración de esta isla. Una bicicleta y el equipo necesario para un largo viaje en bici. No podía contener mi emoción al ver el gran reto que me había propuesto. Recorrer el Reino Unido desde su punto más al noreste, John O’Groats en Escocia, hasta su punto más al suroeste, Lands End en Cornwall. Tomé un tren super temprano hasta Glasgow y allí me encontré con Collin, un chico que conocí en Laos. Collin fue super amable, me invito a su casa, me dio muchísimo ánimo, hizo un almuerzo exquisito y como si fuera poco me consiguió acomodación en Inverness, la ciudad donde pasaría esa noche. Hasta alcanzamos a darle un vistazo a los jardines botánicos de Glasgow.



Después de tomar un tren a Inverness y pasar una noche allí, tomé otro tren bien temprano Wick, el pueblo más cercano a John O’Groats. El pronóstico del tiempo no pintaba para nada bien, solo prometía lluvia y viento por los siguientes días, pero una vez estando allí no había nada más que hacer que empezar a pedalear. Y así de simple comenzó esta gran aventura. Fue un comienzo difícil, porque había mucho viento y al poco tiempo empezó a lloviznar, llover, más viento y uno que otro rayo de sol que se colaba por las nubes movedizas. Al llegar a John O’Groats sentí un llamado a la aventura, con intrigas de lo que me esperaba en los siguientes 1500 km de camino.
Empieza la aventura
Punto extremo e icónico
La bici y el equipo
Así que seguí pedaleando a pesar de las condiciones climáticas. Rápidamente descubrí los enemigos del ciclista.

1. Vehículos
2. Viento
3. Lluvia
Los vehículos por obvias razones son una pesadilla, esa misma tarde mientras iba por un camino estrecho en medio de aire pesado y húmedo, un tractor me sobre paso lo cual hizo que me metiera en el pasto haciéndome resbalar y terminar con la bicicleta en el piso. Los matorrales que moví en mi caída casi cómica contenían el nido de unos ratones recién nacidos que estaban aturdidos por la sacudida que tan de repente había destruido su sueño. Era algo ilógico, encontrar este tipo de belleza rara en un incidente tan poco placentero. Mi ropa estaba mojada tenía mucho frío, pero esa fue la revelación de que este esta aventura estaría llena de extremos.
En Escocia hay una ley, que hace a los escoceses sentirse orgullos, de que se puede practicar la acampada libre en cualquier lado, teniendo en cuenta algunas reglas. Con esto en mente me dispuse a buscar un lugar donde acampar, lo cual no es tarea fácil ya que muchos lugares tienen cercas o están construidos. La desesperación pudo más al final y con la amenaza del anochecer me metí en una propiedad privada y allí hice mi campo, con la esperanza de que no me hicieran desmontarlo hasta el otro día. Así terminó mi primer día de aventura. Con los músculos adoloridos, con la piel aturdida del frío y con la sensación que solo se recibe al haber hecho una actividad física extenuante.

La mañana siguiente comí algo para cargar baterías, desmonte el campamento con el mayor cuidado de que la bolsa de dormir no se mojara y emprendí viaje. Fue otro día difícil. Con lluvia mucho más fuerte que el día anterior y con viento en contra (siempre parece que el viento esta en contra) haciendo que me esforzara mucho más para mantener buen ritmo. Al medio día la lluvia fría me estaba doblegando y pare para tomar algo caliente en una tienda, pero pasaron 15 minutos hasta que pude mover mis dedos y sacar el dinero del bolsillo debido al frío. Lo peor de todo es que era julio, la mitad del verano!!
Sin embargo por la tarde el clima mejoró un poco y siempre hay una que otra cosa que le de motivación a uno, ya sea una señal curiosa:

El increíble paisaje de las “highlands” de escocia:


 o la vida silvestre que se atraviesa por el camino.




El final el día termino con un viento increíble haciendo que los últimos 10 km fueran interminables. Acampé cerca al mar, en un pueblo llamado Brora, medio escondido cerca de unas casas que brindaban protección del viento marino.

Por la mañana, con mucho viento golpeando, desarme el campamento, lo cual ayudo a mantener la carpa seca. Mientras cargaba la bicicleta una señora se acerco con una bandeja que contenía café, galletas y queso que con mucha dulzura me ofreció. Yo ya había desayunado pero no me pude negar ante semejante muestra de hospitalidad. Ese día fue un día duro de viaje porque el viento era muy fuerte, lo cual hacía que me esforzara mucho más de lo necesario para cubrir los kilómetros. Había quedado de quedarme otra vez con Natalie, la amiga de Collin en Inverness y por eso tenía que cubrir la distancia.
En el camino me tope con unas focas y con sus particulares sonidos.


Llegué a un pueblo llamado Brora en donde tuve un problema mecánico con la bici, mientras caminaba con ella un señor me hizo la charla y cuando menos me di cuenta estaba compartiendo una taza de té en su casa con su esposa. El mismo me ayudo a reparar la rueda con sus herramientas y me regalaron chocolates para el camino. Definitivamente los escoses se pasan de buena gente. Siempre había asumido que todas las personas del Reino Unido tienen una personalidad parecida (las generalizaciones existen por alguna razón) pero a través de este viaje me estaba dando cuenta que hay ciertas características sutiles entre los escoceses e ingleses. Características que le dan un toque aún más especial cuando se recorren estos caminos que llaman a ser explorados.

La pareja que me ofreció onces y me ayudo a arreglar la bici;

Seguí mi camino apreciando el hermoso paisaje que tenía delante mio. Luego de un rato divise una edificación un poco extraña de la cual me hablo el señor que me invitó a su casa. Se trata de una especie de puerta con arcos en la cima de una montaña. Fue construida hace un par de siglos por un señor que hizo riquezas en el exterior y cuando regresó a su tierra natal le dio trabajo a la gente construyendo este edificación inoficiosa.


La obra social inoficiosa
De allá vengo yo

Exhausto me aloje en Inverness y el cansancio físico hizo que cayera como roca en la cama. Al siguiente día partí con condiciones todavía poco favorables. Mucho viento. Más encima la bicicleta tuvo otro daño mecánico y aún más el ciclista tuvo un daño físico. Tanto viento en contra y el nulo entrenamiento que tuve para esta tarea hicieron que mi viejo problema de las rodillas reapareciera. No había sufrido de esto desde que había dejado de trabajar hacía ya un año atrás, pero la condición nunca se curó y el sobre esfuerzo que puse en la rodilla para cumplir con las metas impuestas hicieron que regresara de forma muy dolorosa. Fue una decepción muy tenaz, porque mentalmente yo podía seguir, pero cada vez que trataba de poner algo de esfuerzo sobre el pedal el dolor me alertaba de no seguir y el miedo a causar un daño permanente inundo mi cabeza. Ese día, después de 39 km, pare la marcha y acampe cerca de las cascadas de Foyers, en la punta noreste del lago Ness (hogar de la super conocida monstruo).



Me tomé el siguiente día libre para descansar la rodilla, leí, visite las cascadas y escuche como las horas pasaban bajo el goteo de la carpa. No podía pasar mucho tiempo fuera de la carpa ya que habían demasiadas moscas que me fastidiaban a toda hora además de los “midges”, unos insectos diminutos que pican sin consideración y que son la pesadilla de las acampadas en Escocia. Fue un día duro y largo. Pero antes al salir a lavarme los dientes al atardecer, tuve una visita de unos venados que merodeaban cerca a mi carpa en medio del rocío y la niebla que se avecinaba. Fue una sorpresa muy agradable que me dejo con una sonrisa antes de ir a dormir.


Algo mejor de la rodilla decidí continuar, era una batalla dura, no solo física y contra el dolor sino mental ya que no podía aceptar el hecho de que no podría continuar. El clima mejoró mucho, y tratando de subir una loma la rodilla se rindió y toco terminarla a pie, pero la vista en la cima era increíble.


Después de eso era cuesta abajo, así que gracias a la fuerza de gravedad seguí el camino. Así llegue a un monumento dedicado a los “rangers” que fueron soldados especializados para misiones complicadas. Ellos fueron entrenados aquí en las montañas de Escocia en pleno invierno, lo cual me hacía dar escalofríos de solo pensar lo que habrán vivido estos hombres.

Una de los aspectos necesarios para un reto de esfuerzo físico es la necesidad de consumir suficiente energía para que le cuerpo la queme. Así que gran parte del viaje comí sanduches de pan con miel o mermelada. La miel o mermelada me brindaba energía inmediata, mientras que el pan me cargaba con carbohidratos que serían consumidos una vez la glucosa del azúcar fuese extinguida por mis músculos. Puede parecer tediosa y aburrida esta dieta, pero era algo que mi cuerpo me pedía además de que era lo que mi bolsillo podía proveer.


La dieta extrema del mochilero 
La batalla mental continuaba pero el miedo y la realidad de lastimar mi rodilla seriamente sobrepaso mi ímpetu de aventura. Cuando llegué a un pueblo llamado Fort Augustus decidí no culminar el viaje hasta Cornwall. Allí, de frente al extremo suroeste del Lago Ness, decidí que era lo mejor a largo plazo, fue un poco duro dejar esta meta, pero mirando las circunstancias, era demasiado ambicioso de mi pretender mantener un ritmo de 100km al día, con absolutamente nada de entrenamiento y con una bicicleta que compré el día anterior a mi partida en una tienda de dudosa reputación. Aún así, tenía la gran satisfacción de haberlo intentado y de haber podido vivir tantas experiencias en tan corto tiempo.
Una vez hecho esto, seguí en la bici, pero ya no con el paso frenético que tenía antes, así poco a poco llegue a Fort William, pueblo famoso por estar muy cerca a la montaña más alta del Reino Unido, Ben Nevis.
Mi primer día en Fort William estuvo acompañado de lluvia, pero según el pronóstico climático el siguiente día sería seco, así que espere mientras exploraba la ciudad y quemaba tiempo leyendo.
A la siguiente mañana, muy temprano me desperté y un cielo sin nubes me saludo, decidí empacar la carpa que aún estaba mojada a causa del rocío, al entrar en contacto con el agua del rocío mis dedos se pusieran rojos del frío trayendo consigo un dolor característico al cual mi cuerpo no podía acostumbrarse; en medio de esta tortura que me estaba auto infligiendo me pregunte porque me hacía esto. Por que me tenía que levantar a las 5 am para hacer que mis manos dolieran hasta las muñecas? Por qué obligaba a mi cuerpo a seguir aún cuando me decía que no lo hicera? por qué? Ahí mismo tuve la respuesta, lo hacía para sentirme vivo, para sentir la satisfacción de regocijo luego de pasar por tantas situaciones indeseables. Y al levantar la mirada y ver como las nubes abrazaban las montañas y al respirar el aire fresco de la mañana sabía que estaba vivo y me sentía muy vivo y feliz.

Fort William lluvioso 
Esta vista hermosa me saludo al despertarme

Ese día subí Ben Nevis, apreciando las maravillosas vistas que ofrecía. El último tramo fue bastante duro, porque eran solo rocas que no estaban fijas. El clima me sonrió y tuve vistas espectaculares La bajada fue más dolorosa aún y el esfuerzo que puse en mi rodilla hizo que se inflamara mucho, así que esa tarde toco volver a armar el campamento y descansar mientras llegaba el siguiente día. En el trayecto de bajada conocí un par de chicos franceses muy buena gente que me ofrecieron un bastón. Luego de esto fuimos al río y nos pegamos un baño necesario.

Buen pronóstico del tiempo



Desde Ben Nevis






Tomé el tren hasta Helensburg, donde me encontré con Collin que me llevo a casa de sus padres y me ofreció grandes gestos de hospitalidad. Esa noche fuimos de campamento en la caravana de sus padres y con fogata y guitarra pasamos una noche super agradable.




En Escocia hay una bebida que se llama Irn Bru que yo nunca había probado, pero que no pude dejar de tomar ya que su sabor es bastante similar a la gaseosa “colombiana” que es símbolo de identidad de Colombia. Es más hasta hay helado con sabor a Irn Bru y no sabe tan mal.

Al siguiente día me llevó hasta casa de su novia situada en Dunnon al lado del mar, tenía unas vistas increíbles además de que la casa era un mini castillo. Allí hicieron una mini fiesta-reunión donde fui testigo una vez más de la grandiosa hospitalidad y amigabilidad de los escoses. Fue una noche muy especial, además de que había un jacuzzi que ayudaba a la recuperación de mis extremidades.


Vista desde el mini castillo


 
 Collin
 No tengo palabras para expresar mi gratitud hacia Collin y lo bien que me atendió como su huésped. Solo espero poder hacer lo mismo por alguien más en el futuro.

Luego de este pequeño descanso, decidí andar un poco más en bici. Esta vez alcance a llegar hasta el lago Lomond. Había un considerable número de gente caminando a lo largo del lago y es que es parte del camino llamado “West Highland Walk”, uno de los más famosos de Escocia que comienza en Glasgow y termina en Fort William, al lado de Ben Nevis. Para variar el clima escoces no me ayudo y subí el monte Lomond con una neblina increíble acompañado por esporádicas duchas de aguas fría. Una vez más perdí el sentido del tacto en mis manos. De vez en cuando el viento frío movía la niebla lo suficiente para pegarle un vistazo corto al escenario, que era muy lindo cuando se podía ver.
De vuelta en el camino
Ganado típico de Escocia 


En medio de esa nube esta la cima del monte Lomond


Esta vista no duraba más de un minuto.

La bici descansando en el lago Lomond



Terminé el viaje en bicicleta, pedaleando hasta la casa de Collin en Glasgow.

Es bien sabido que los acentos del Reino Unido son muy variados, y que entre más al norte se vaya, más difícil es entenderles. Pues yo me sentía en la gloria porque les había entendido a todos muy bien, desde a la gente a la que le pedía indicaciones hasta los extraños con los que entablaba conversaciones en el campo. Pero esa última noche mi felicidad fue destruida al no poder entender más del 30 % de las conversaciones que tenía Collin y sus amigos.
No tan temprano en la mañana tome mi maleta y le dí mi bici a Collin y tomé un bus que me llevó a Londres.
Había escrito varias estadísticas de esta aventura, velocidad máxima diaria, cantidad de casualidades vistas y otras cosas varias pero lastimosamente perdí el cuaderno donde las tenía escritas.
Lo único que me quedo la distancia total de aproximadamente 600 km además de recuerdos que aún recuerdo vividamente que me hacen sentir vivo y feliz.
555 km

La próxima vez utilizare la grande

Read More!