Hotel Mama

Otro asqueroso e incómodo vuelo de bajo coste que implicaba pelear para tomar un bus a las 3 a.m., pasar por un montón de filas y chequeos en el aeropuerto para volver a pelear para subirse al avión y sentarse en una rígida y apretada silla. Mi madre, su esposo y una de mis hermanas me recogieron y me bombardearon con preguntas y noticias. Así comenzó un periodo de dos semanas que involucró hablar, compartir y comer muchísimo con personas que amo y que siempre han estado dándome ánimo cuando lo necesitaba. Yo realmente no tenía muchas ganas de hacer mucho aparte de tener un periodo de sedentarismo, pero Alba (mi madre) con su energía incesante quería llevarme a todos lados para apreciar la gran belleza del verano en Italia, lo cual hicimos a un paso bien relajado, sin prisas ni preocupaciones.
Alba con su instinto sobre protector estaba encantada de tenerme en casa, me mimó bastante, tanto que hasta insistió fervorosamente para lavar mi ropa (curiosamente cuando yo tenía 8 años insistió lo opuesto) y todos los días cocinaba uno u otro plato delicioso para engordarme un poco (aparentemente estaba muy flaco). Laura y Johanna (mis hermanas) en cambio me contaban sus historias y cosas del colegio y de sus amigos y me llevaban a pasear por todos lados del pueblo.
Algunas veces me impresionaban con la forma como narraban mis aventuras de viaje, recordando detalles que yo mismo había olvidado, eso me da cierta satisfacción, saber que el esfuerzo de escribir este blog hace que seres queridos míos puedan viajar desde sus asientos y poder sentir de alguna forma lo que he vivido.
Acá van algunas fotos de nuestras excursiones:









Un día, un amigo de mi familia nos llevó a una caminata bien linda por unas montañas llamadas las mini Dolomites, fue una caminata llena de paisajes hermosos y que llenaban mi mente de recuerdos lindos y nuevos. Un señor que nos acompaño en la caminata sabía bastante sobre la historia del lugar y nos narraba interesantes historias, como por ejemplo la resistencia italiana ante las fuerzas austriacas en las guerras. Estas montañas se llaman las mini Dolomites porque no son las verdaderas Dolomites, que son aún más impresionantes y grandes. Aún así, no dejan de ser majestuosas.











Otro día cuando estábamos de paseo nos pusimos a hacer maromas y payasadas en un campo de paja al lado del camino. Laura sabía algunas figuras gimnásticas del colegio y nos pusimos manos a la obra, hasta Alba se unió en algunas hazañas increíbles.









Para pasar el tiempo nos dedicamos a hacer un mosaico con cáscaras de huevo. Fue un poco tedioso al principio pero era divertido ver como cada uno de nosotros hacía un parte y le daba su propio estilo. Como era nuestro primer mosaico rompimos las cáscaras en trozos muy pequeños, lo cual hizo que nos tomara más tiempo la obra de arte.


Y seguir deambulando por este típico plueblo italiano.




Mientras tanto seguíamos compartiendo y disfrutando del buen clima. Yo había estado varias veces visitando a mi familia en el norte de Italia, pero esta era la primera vez que lo hacía en verano, así que podía por fin ver la belleza de la cual me hablaba tanto Alba. Esta vez volvimos a ir a la inigualablemente bella Venecia con su red de interminables canales laberínticos, con su inigualable arquitectura y la energía que se siente al deambular por sus calles, y claro por supuesto, los miles de turistas que inundan la ciudad. Esta vez, en lugar de seguir a la multitud en la maratón por llegar a la plaza de san Marcos yo guié la cuadrilla de expedición haciendo que nos fuéramos por las calles pequeñas hasta encontrar la Venecia callada, tranquila, lejos de los turistas con venecianos en su día a día, y hasta encontramos un pequeños parque para hacer picnic en esta apretada roca.












Finalmente llegamos a la semi inundada plaza de san Marcos y regresamos a casa y por primera vez yo tenía la felicidad de que mis pies no estaban congelados, ya que al siempre haber venido en invierno, la roca del suelo veneciano se enfría a un nivel increíble y siempre traspasaba la suela de mis zapatos.




Y seguiamos trabajando en este mosaico que parecia interminable:





Un día en el pueblo hicieron una fiesta llamada “Festa di Popoli” o fiesta de la gente que involucraba a todas las mini comunidades de distintos países que viven en el área, vistiéndose en trajes típicos y ofreciendo comida típica. Fue un evento lindo, donde pudimos deleitarnos con pan y aperitivos de Ucrania y Moldavia, bailar al ritmo de tambores africanos y saborear postres de Bangladesh.












Se culminaron mis dos semanas de estadía y era hora de partir, pero luego de meditarlo un poco decidí perder mi vuelo y cambiar mis planes, fue algo impulsivo, pero al ver lo rápido que han crecido y cambiado mis hermanas y al estar en un lugar con tanta armonía no quería perder la oportunidad de compartir un poco más con mi maravillosa familia. Otra vez me perdí de la fiesta del solsticio de verano en Stonehenge y de una fiesta de mitad del verano en Suecia, pero valió la pena totalmente. Nosotros también tomamos el carro y nos fuimos a ver el atardecer del día más largo del año.


Y luego de varios días de trabajar poco a poco en el mosaico, lo terminamos con una satisfacción increíble. Aquí esta nuestra humilde obra de arte.



Esos días coincidieron con el mundial de fútbol y curiosamente descubrimos un extraño interés por los partidos por parte de Laura que gritaba a todo pulmón cuando algo medio pasaba en el juego. Yo aproveche y vi uno que otro partido, eso es lo único que me veo de fútbol, el mundial, y aún así debo decir que no lo encuentro entretenido, no como en mi niñez cuando era más desordenado y menos mecánico.
Uno de esos últimos días fuimos a dar una corta caminata al Monte Summano, una corta caminata que se convirtió en 7 horas, haciendo que probáramos la estamina de Laura y Johanna y las piernas mías y de Alba. La caminata fue refrescante, teníamos la montaña para nosotros ya que no vimos a nadie y terminamos super cansados, yo con un leve dolor en mis rodillas y mi Laura con la tristeza que se perdió un partido de fútbol emocionante.







En mis últimos días me di cuenta que a pesar de haber pasado tanto tiempo en este pueblo, aún no sabía como orientarme, y es que siempre andaba con guarda espaldas, era una sensación algo rara, saber que después de tanto tiempo de tener que ubicarme rápidamente en lugares nuevos constantemente aún podía perderme sin dificultad en un lugar que debería ser familiar. Poco a poco pasaron los días y llego mi hora de partir una vez más, no sin antes recibir una lección de baile, comida deliciosa y palabras que tocaron partes profundas en mi corazón. No hay forma de expresar la alegría que se siente al volver a casa, así sea una casa temporal en un país ajeno, lo importante es lo que se cultiva dentro y lo que se lleva consigo y eso es lo que logré en estas 3 semanas familiares, propagar la armonía y amor por estas personas tan especiales para mí.
La aventura europea ha comenzado oficialmente lo que tuve oportunidad de experimentar en los siguientes meses fue inolvidable, pero eso lo escribiré en las siguientes entradas.
Pido disculpas por el gran retraso en las entradas (más de 9 meses) pero tengo el fuerte propósito de ponerme al día en el siguiente par de meses.
Gracias por leer.

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