A través de las entrañas de la tierra

Estando en la capital del Laos aproveche para hacer una diligencia burocrática, sacar la visa para el siguiente destino en el camino, Birmania. Lastimosamente descubrí que la embajada tomaba 4 días hábiles para procesar la visa y sumando un festivo y un fin de semana significaba que tendría que regresar en una semana. Ni modos, a matar tiempo mientras tanto. Para ello me la tomé suave en Vientiane, sorprendido por lo particular de esta ciudad “capital” que más parece un pueblo grande. Eso es una exageración, pero con una población de 300.000 personas, no da la impresión de ser una ciudad capital. Los siguientes días fueron una sucesión de divagar por las interesantisimas calles con su extraña mezcla de arquitectura francesa colonial y uno que otro bloque de concreto soviético, tropezándose con uno u otro diplomático en sus carros mega modernos en medio del calor abrazador y disfrutando uno de los pocos buenos legados de la era colonial francesa, buena cocina!

Los días alcanzaban temperaturas de 39 grados y fuimos a darnos un chapuzon a la piscina que le pertenecía al equipo nacional de natación de Laos. Piscina que no era mucho más grande que la piscina que mi abuelo hizo con sus propias manos para poner peces en ella. Supongo todo encaja, si la capital tiene tan pocos habitantes, para que hacer una piscina de más de 25 metros de largo.

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Un día de esos fuimos en motocicleta a ver un lugar llamado “parque de Buda” que resulto ser un conjunto de figuras budistas muy curiosas y extravagantes, me encanto ese lugar. Es sorprendente pensar que después de tantos meses aún me puedo deja llevar por la excitante sensación de ver otro templo u otra estatua de buda. Aquí van algunas fotos del parque de buda.

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De regreso le dimos un vistazo a el arco del triunfo de Laos, que muy bonito desde lejos, a medida que se acorta la distancia resembla más y más un bloque de cemento. Graciosamente esta era la descripción oficial en un cartel del arco.

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Aún con varios días por quemar decidimos dejar la tranquila “ciudad” capital y echarle un vistazo a unas cuevas 9 horas en bus de Vientiane. Ese fue uno de los muchos buses que tomaríamos en Laos que dolorosamente han tomado gran parte de mi energía de viajero. Este consistió en un viaje en bus por varias horas en el sofocante calor, con gente por doquier. Luego a mitad del camino tuvimos que tomar un sawng thaew, que es una especie de mini camión con bancas en la parte trasera donde la idea es acomodar tantas personas, animales y bultos de arroz como sea posible. Nuestro conductor dio varias vueltas en la aldea que nos recogió hasta que se aseguro que no cabía un alma más y las siguientes horas fueron una lucha de contorsionismo acompañadas por el irregular sonido de gallinas encostaladas.

Sin embargo las cuevas de Kong Lo valieron muchísimo la pena. Realmente es un río que atraviesa una montaña y se puede hacer el recorrido ida y vuela en bote, deteniéndose ocasionalmente para admirar algunas partes iluminadas con luces violeta, rojas o azul, dando la apariencia de estar en un paisaje marciano, o para caminar en la panda superficie mientras la lancha era empujada a profundidades navegables. Fue una experiencia deleitante, ver como las luces de las linternas juegan con las sombras de las estalagmitas, la reflexión de las rocas en el agua dando falsas impresiones de estar volando sobre rocas altas y la sensación de estar siendo devorado en las entrañas de la tierra.

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Después de recorrer la cueva decidí nadar un poco en este riachuelo y participar en sus juegos de saltar desde rocas altas al agua. La gente de Laos no desperdicia oportunidad de zambullirse en cualquier liquido para mitigar un poco el calor. Antes de irnos una familia nos invitó a tomar un par de vasos de cerveza acompañados con un poco de la picante salada de papaya. Cuando otros viajeros hablan de Laos siempre mencionan lo relajados que son, sin prisa y con gran amabilidad hacia el farang*. Después de Vietnam todas estas virtudes son terriblemente apreciadas y la gente de Laos estaba probando ser increíblemente agradable.

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De regreso en Vientiane, con pasaporte en mano y visa lista le pegamos una visita al muy interesante centro de prótesis de extremidades llamado COPE centre en donde aprendí que Laos fue el país más bombardeado de Asia (en comparación con la proporción de su territorio), como consecuencia muchas bombas nunca explotaron y en aldeas remotas niños y adultos voluntariamente tratan de encontrar estos artefactos para desarmarlos y vender o utilizar los pedazos de chatarra y explosivo. Esto les puede dar mucho más dinero que la agricultura, pero al mismo tiempo las consecuencias son fatales para mucha gente que termina perdiendo brazos o/y piernas o la vida misma. Este centro se concentra en producir prótesis de brazos y piernas a muy bajo costo permitiendole a las desafortunadas victimas reanudar con sus vidas. El caso de un señor me conmovió mucho cuando al recibir sus implantes lloraba agradeciendo que ya no tenía que comer como un perro arrastrado en el suelo. Esto me hizo pensar en las minas quiebra-patas que existen en Colombia, en lo fácil y rápido que es plantar odio y peligro, y lo largo y tedioso que sera liberar la tierra hasta el punto en donde todos podamos caminar sin miedo a pisar los pecados de hombres inescrupulosos.

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Al siguiente día dejamos Vientiane y emprendimos camino hacia uno de los lugares más famosos en la comunidad de mochileros del sur este asiático, Vang Vieng.

*farang, forma como se les llama a los extranjeros en Laos y Tailandia. Originalmente significaba francés.

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