Templos, ruinas, templos, ruinas y mas templos y ruinas

Me levanto muy a las 6 am, alisto la maleta y me dirijo a donde debo esperar el mini bus que me llevara hasta la frontera de Tailanda con Camboya. Escogí un cruce muy popular para cruzar por falta de tiempo, se que este puesto fronterizo esta lleno de trampas y trucos por eso decidí no dejarme afectar por eso y dejarme timar. Al llegar a la frontera empezaron los muy colaboradores agentes de viaje a meter cuento de que es imposible conseguir visa en la frontera que se demora mucho, que los buses al otro lado son carisimos y poco a poco uno les cree, así fue que pague demasiado por una visa que si podía conseguir en la frontera y por un taxi que me llevaría hasta Siem Reap, el punto base para explorar los archi famosos templos de Angkor Wat. Es tan sofisticado el sistema atraco al turista que existe una estación de buses oficial a la cual se puede llegar gratis con un bus que cordialmente lo lleva a uno desde la frontera. Ni siquiera las fronteras rusas eran tan absurdas como esta!

La diferencia entre Tailandia y Camboya se siente rápidamente, en la etnicidad de la gente, como suena el lenguaje, la infraestructura vial y hasta en el paisaje. También algo que resalta es que hay bastante más pobreza.

Mi primer día en Siem Reap no hice mucho, dar vueltas por ahí e ir a comprar un tiquete para ver los templos y ruinas de Angkor Wat. Como yo me puedo volver un poco intenso cuando se refiere a ver algo que me gusta y Angkor Wat estaba en mi lista de objetivos de este viaje , por esto decidí tomar un tiquete de tres días que me permitió explorar esta gran obra arquitectónica de la humanidad (considerada por algunos como la 8va maravilla del mundo).

Angkor Wat realmente es el nombre del templo más grande que vio la humanidad en su tiempo, era el epicentro de un imperio que se extendía desde Birmania hasta Vietnam, en sus tiempos gloriosos gozaba de una población de un millón de personas dotada de una gran compleja estructura social y religiosa mientras que Londres ostentaba una población de 50.000 personas!! Es tan importante este lugar para Camboya que su bandera tiene un emblema de la representación del templo o Wat de Angkor. Hay gran cantidad de otros templos y ruinas en este gran parque arqueológico que puede ser recorrido en motocicleta, en bicicleta o hasta a pie (solo vi a un chiflado haciendo esto).

El primer día abarque los lugares más famosos, Angkor Wat, Angkor Tom, Bayon, la terraza de elefantes, Ta Prohm. En la noche conocí a un canadiense llamado Chris con el cual hablamos bastante rato. Ta Prohm es el favorito de mucha gente porque alli la selva empezó a hacer de las suyas, los árboles con sus tentáculos abrazan paredes, puertas y ventanas y a veces me preguntaba si la pared la construyeron al lado del árbol o al contrario.

En una exploración por los alrededores del templo vi una celebración Budista un poco parecida a un bautismo, donde un monje recitaba mantras mientras le echaba agua a una mujer y su motocicleta. Era algo así como cuando se manda a bendecir un carro recién comprado.

El segundo día emprendimos camino con Ril (mi conductor) a los sitios más lejos que realmente no valían tanto la pena y me dejaron un dolor en el trasero que aún recuerdo. Ese mismo día fui a ver unas ruinas que fueron mis favoritas de todas, porque estaban en la cima de una loma bastante empinada la cual tocaba subir con bastante sudor, lo cual hacía que no hubiera nadie allí arriba. Las ruinas estaban bastante deterioradas dando un aspecto único y la vista era grandiosa, se podía ver la gran planicie con contiene innumerables templos y ruinas. Allí en la cima solo había un militar que vigilaba unas ametralladoras,y como no tenía nada que hacer trataba de hablarme para combatir su aburrimiento. Estas ruinas llamadas Phnom Bok fueron mis favoritas.

El tercer día fue un poco más duro porque decidí ir en bicicleta, además al igual que mucha otra gente me desperté muy a las 5 para pillar el amanecer saliendo de Angkor Wat. Valió la pena la madrugada, no tanto por el amanecer sino por ver a la cantidad de gente que se tomo el trabajo de llegar allí tan temprano.

Este día corrió un poco lento, ya había visto muchos templos y ruinas y era difícil verles algo nuevo bajo el calor agobiante y el sol incesante. Fue así que a media tarde me rendí y regrese a Siem Reap. Esa noche me encontré con Chris y con un chico camboyano que nos había invitado a comer perro y culebra en un restaurante local. Y pues si señores, comí perro y culebra para la cena. Después de ver como sacrificaban a estos caninos en China me preguntaba si podría consumirlos y pues una vez puesto en el plato deje de pensar en el proceso que tuvo lugar para que llegara allí la comida y trate de disfrutarlo. El sabor es bastante bueno, es como carne de res pero más suave. La culebra en cambio no me gusto mucho, creo fue porque estaba seca y era más como un pasabocas.

Al siguiente día quede con Chris para ir a visitar una aldea flotante. Decidimos ir en bici para poder explorar un poco más y valió la pena. Vimos otro par de templos (porque no habíamos visto suficiente) pero también vimos unos chicos arriando una manada de patos, muy entretenido. Esas son las cosas que se pierden cuando se va en tour organizado.

Al llegar a la aldea y se veía mucho más la pobreza. Siem Reap como es lugar turístico la tiene escondida pero aquí no tienen porque. La aldea vive de la pesca, como miles de otras de este tipo y más de lo que se podía ver, se podía oler un olor bastante penetrante y hediondo.

Esa tarde, con una chica americana llamada Ester, fuimos a un orfanato que en teoría vive de las donaciones de los viajeros. Fue una experiencia bien distinta, poder compartir con chiquillos que querían jugar y practicar su inglés. Además que ninguno de ellos estaba pidiendo dinero ni tratando de vender algo, gran diferencia con los niños que merodean por Angkor, diciendote que les tomes una foto para luego decirte que les des un dólar. Aunque no todo es positivo, Ester me contó que su conductor le dijo que el enviaba a sus hijos a un lugar así para no tener que pagarles comida y no tener que cuidarlos, que realmente no son huérfanos. Yo hable un rato con un hombre que trabajaba allí en el centro y el me dijo que muchos de estos chicos son huerfanos, que ellos viven allí (lo cual nosotros podíamos ver con nuestros ojos) y que hay algunos que tienen madre pero que ella no los puede cuidar realmente. No puedo decir si es verdad o no, si es negocio o en realidad es un centro que trata de ayudar a los chicos. Lo que pude ver me pareció muy honesto y bueno y fue una experiencia enriquecedora.

Esa noche la pase con Ester cuya personalidad era bien particular, era bastante cínica en su forma de hablar y como muchos americanos, poseía un gran dominio de la palabra hablada, además pertenecía a una familia extremadamente cristiana (de ahí su nombre tan poco común) que vivía en la mitad de la nada en norte América. Todo esto resultó en una especie de deleite al escuchar sus comentarios sarcásticos y bizarros.

Mi último día en Siem Reap la pase vagando por sus calles y en la red. Esa noche salí con unos chicos del hostal, comimos y bebimos y sentimos una cierta repulsión a la gran cantidad de mujeres de la noche que parecían estar por todos lados y en todos los bares. Esta parece ser la norma en Camboya (y en el sureste asiático) una gran industria del sexo que ha existido siempre pero que los occidentales han sabido aprovechar.

Al siguiente día, con un poco de resaca, partí hacia Kratie, un pueblo al norte de Camboya a 9 horas en bus. En el bus conocí un americano llamado Brian con el cual resulte compartiendo habitación en Kratie. Al siguiente día Brian y yo alquilamos un par de bicis y nos fuimos a tratar de ver delfines, no sin antes pasar por una que otra boda. Fuimos invitados a una pero Brian tenía más ganas de ver mamíferos acuáticos que celebraciones budistas, así que continuamos. Estos delfines son famosos por ser de agua dulce, yo me imaginaba el delfín rosado narizón y jugueton que se ve en el amazonas, pero este era gris oscuro, con cabeza redonda sin nariz prominente y muy muy evasivos. Pasamos una buena hora en un bote tratando de sacar una buena foto y esto fue lo mejor que conseguí:


Después de los delfines exploramos un poco más la zona, topandonos con más bodas (bodas los jueves?) y con un monasterio que estaba muy interesante. Al siguiente día Brian siguió su rumbo veloz ya que solo tenía tres semanas de vacaciones y yo me quede otro día en Kratie, explorando una isla que esta enfrente de este pueblo en medio del río Mekong.

Algo bien curioso de muchas mujeres en Camboya es que no se quitan la pijama, o mejor dicho sale en pijama a hacer la compra el mercado, a la tienda, al banco, atienden los negocios en pijama; si mi abuela las viera les pegaría un regaño como bien me lo pegaba a mi diciendome que hay que arreglarse porque la pereza es la madre de todos los vicios.

Esa noche dando un paseo viendo el atardecer conocí a Erica, una italiana que hablaba español y que tenía planes de ruta parecidos a los míos, de esta forma al siguiente día tomamos un bus hacia Phnom Penh, la capital de Camboya. En la siguiente entrada les contare un poco sobre la segunda fase del viaje por este país que tiene una historia muy particular en el mundo. Hasta la próxima.

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