Por que dormir en un hotel de 5 estrellas cuando se puede dormir bajo un millón de ellas

La noche antes del viaje no tuve muchas horas de sueño ya que la emoción del viaje y el peso de las despedidas me impedían conciliar el sueño. Me levante a las 4 am para coger un tren hacia Gatwick, de donde partiría mi vuelo. Tanya se levanto conmigo y me acompaño hasta la estación del tren de ahí partí solo en este largo viaje en el que me he metido.

Pese la maleta en el aeropuerto, 14 kilos no es el peso que más deseo cargar pero se que en el camino me desharé de cosas, como un bocadillo que le llevo al amigo de mi tía en Moscú, la guía y diccionarios de Rusia y otras cosas.

Llegue a Helsinki en una tarde lluviosa y silenciosa, un poco perdido por el cansancio de la falta de sueño y también con el torrente de pensamientos que venían a mi cabeza. Le eche un vistazo a la ciudad y me dirigí a donde me iba a quedar, un chico de Finlandia llamado Arto que conocí por couch surfing.

Arto es un personaje fenomenal, habiendo hecho el mismo un viaje muy largo en bicicleta por varios meses desde su nativa Finlandia hasta Turquía, luego recorriendo distintas rutas en bici en la India, Camboya y Tailandia. Sus experiencias de viaje fueron muy alentadoras y entretenidas. Me dio muchos consejos y me presto un libro titulado "vagabonding" que devore en 3 días que estuve en su casa. La primera noche fuimos a acampar a una isla a 15 minutos de Helsinki llamada Pihlajasaari, comimos bajo las estrellas viendo las luces de Helsinki, allí Arto me entretuvo con sus muchas historias de acampar y de vivir una vida muy diferente a la que vive la gente en promedio en Finlandia. Trabaja medio tiempo 9 meses al año, el resto de su tiempo lo invierte en sus hobbies, como dirigir el grupo de japonés-finlandes, participar en linux-Finlandia, acampar, viajara y conocer viajeros. Me dijo una rase que me encanto mucho "por qué dormir en un hotel de 5 estrellas cuando se puede dormir bajo un millón de ellas".

A la siguiente mañana exploramos más la isla y encontramos esta señal.


Para esa noche, Arto me había invitado a una sesión de Sauna con sus amigos y con mucho gusto acepte la invitación. Eso me hizo recordar cuando vivia con una señora de Finlandia hace 6 años. La señora tenia sus 90 y tantos años y me contó un día que se fue a una playa nudista con sus hijas, yernos, nietos y bisnieto; yo boquiabierto le pregunté si todos iban desnudos y recuerdo la viejita se pudo burlar de mi diciéndome "es verdad, uds los latinoamericanos tiene cierto problema con la desnudez". Fue por mis largas conversaciones con Kaarina (la señora de Finlandia) que comencé este viaje allí en Helsinki. Ya sabiendo lo que me tocaba, llegamos al sauna y a quitarse la ropa, el sauna era eléctrico (no de leña) y todos los amigos de Arto hablaban inglés entre ellos por decencia, también jugué por primera vez petanque y la suerte de principiante no me acompaño esa noche.

Al siguiente día ya me tocaba echarle un vistazo a la ciudad. Paseé por sus calles más bien divagando que tratando de ver lugares de interés específicos. Fui de paseo por Suomelinna otra isla en la bahía de Helsinki que era donde estaba un fuerte que impidió que Helsinki fuera tomada por mar. Allí le hice un dibujo a Arto para su "guest wall". Como el siguietne día iba a San Petersburgo, averigüe la forma más barata de llegar allí. Hay tres opciones, tren, bus finlandés o mini bus ruso (conocido en toda Rusia como Marsh Rutka).
El marsh rutka es la opción más barata, claro esta si se puede saber de donde salen. Arto me dijo más o menos donde encontrarlos, me tomo un poco de tiempo hacerlo, pero cuando lo hice recibí la primera señal qeu pronto dejaría el paraíso comunicativo de Finlandia donde los conductores hablan inglés para entrar en Rusia donde todo me ha tocado a punta de señales porque para aprender ruso salí medio bruto.

Esa noche en la casa de Arto preparé un arroz colombiano con agua de panela, escuchamos música y terminé de leer las partes que me interesaban de Vagabonding. A la siguiente día partí con mis maletas luego de compartir desayuno con Arto, en el marsh rutka conocí un estudiante americano que por cuestiones burocráticas rusas tuvo que sacar 2 pasaportes para poder estudiar en do ciudades rusas distintas.

Así concluyó mi corta visita por Finlandia, que curiosamente es el lugar más al norte que estaré en este viaje; me gustó mucho Helsinki con conciertos gratis, mucha naturaleza y gracias a Arto con su charla y consejos. el me recordaba a Kaarina, la señora de Brighton, tenía gestos faciales muy parecidos, acento similar y su forma de hablar tenía matices que me hacían recordar mis largas conversaciones con Kaarina.

Es este momento estoy en una ciudad Rusa llamada Novosibirsk en la Siberia occidental. Tengo mucho por contar pero sera en otro post.

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