Iglesia de la piña

En una mañana que prometía poco, con frío y cansado llegue a Moscú a la estación Leningradsky, un mole soviético enorme, rodeado por cientos de personas que esperaban por un tren o que llegaban de viaje. Me dispuse a sentarme en el suelo y esperar 4 horas a que llegara Gustavo, pero al cabo de una hora vi a un chico japonés llamado Tatshushi (que no es una clase de sushi) con el cual compartí cuarto en Piter así que nos pusimos a echar carreta hasta que fuera una hora mas humana. Estuvo muy interesante la charla con Tatsushi, hablamos de todo un poco y aprendí varias cosas sobre la historia de Japón. En un momento la conversación torno acerca de zapatos y el hecho de que las rusas usan mucho tacón vino a flote. Tatsushi me confesó que ni se había dado cuenta de que llevaran tacones ya que para el japonés la mujer atractiva es la de baja estatura!! Como buen japonés, Tatsushi es super amable y servicial y me esperó hasta que
Gustavo llegó (tarde como buen latino) y hasta me ayudó a llamar por teléfono ya que su ruso era mucho más avanzado que el mío.
Ya en la casa de Gustavo conocí a Olga, la novia y nos dispusimos a desayunar con bocadillo de guayaba. Ellos estaban felices de poder probarlo yo estaba más feliz que no tenia que cargarlo más. Como mi estadía en Moscú era corta, partimos de inmediato al Kremlin. Desde que era niño tenía el sueño de poder ver la plaza roja de Moscú con su iglesia super bonita. Como era un anhelo de hace tanto tiempo, cuando llegamos me dije "y eso es todo?" pero luego de un rato de deambular me empezó a gusta. La iglesia de San Basilo o la iglesia de la piña como le decían los viajeros victorianos, es engañosa ya que es mucho más pequeña de lo que parece y me impresionó más la de Piter. Compramos tiquetes para el Kremlin con algo de tristeza ya que el mausoleo de Lenin estaba cerrado (y con las ganas que tenía de ver la momia de Lenin) y entramos al Kremlin luego de un chequeo de seguridad de aeropuerto. Yo ya sabía que en el Kremlin son re quisquillosos con salirse un milímetro de "las reglas", que si se sienta en el piso, malo, que si recuesta en la pared, malo, que si no se cruza la calle por donde esta indicado, malo, que se le da por encaramarse en la campana más grande del mundo que nunca fue tocada y se partió de lo grande que era, malo, que si si quieren tocar las balas del cañón más grande del mundo que nunca fue disparado, malo; era más bien entretenido ver a los turistas chinos escuchar pitidos y mirar en todas direcciones como diciendo, sera conmigo?

Una cosa, las mujeres rusas no son rogadas para tomarse fotos, al contrario cada foto tiene que ser tomada con 5 poses distintas!! así que los lugares de photo opportunity estaban plagueados de turistas rusos en foto sesión. Yo aproveche y le saque fotos a unas cuantas personas para que le apuraran pero pareció tener el efecto contrario :s

Algo curioso del Kremlin es que se ven iglesias y edificios bien elaborados y decorados al lado de cubos de cemento soviéticos, eso de la un toque especial al lugar.

Me hubiera gustado pasar más tiempo dentro del Kremlin pero el tiempo apremiaba y mi guía ya tenía plan para más tarde. Del Kremlin fuimos a ver un parque llamado Tsaritsyno que era como un palacio de verano con bosque incluido que quedaba lejisimos del centro pero valió la pena mucho para ver la mezcla étnica que tiene Moscú. En Piter se en más que todo rusos europeos pero en Moscú ya se ve la mezcla de la Rusia asiática con gente de facciones muy distintas a las europeas.
Esa noche echamos carreta con Gustavo acompañados de un poco de vodka, me entretenía con sus historias de Rusia, como la corrupción y la mafia tienen a la gente en la ruina. En un momento me dijo, si en Colombia hay un dicho popular que es un país de secretarias y celachos, en Rusia se dice que es un país de solo celachos. Pude comprobar a lo que se refería cuando por la noche le pasamos descaradamente y de frente 200 rublos al vigilante de su edificio para que me dejara quedar!!
Al siguiente día Gustavo me llevó a ver la feria de exposición, una especie de parque dotado con construcciones soviéticas a lo bestia, enormes, imponentes y con la arquitectura particular soviética, adornadas con estrellas y estatuas del pueblo. Menos mal alquilamos bicicletas porque ese lugar era muy monstruoso para andar a pie. También fuimos al jardín botánico que más parecía un bosque por su tamaño. Allí nos cogió un aguacero voraz que nos obligó a retornar a casa para cambiarnos.
Los soviéticos tenían la idea de que el arte le pertenecía la pueblo por eso se pueden encontrar estatuas en una calle cualquiera en un barrio cualquiera; basados en este concepto, las estaciones del metro fueron decoradas de tal forma que parecen galerías de arte, así que como esa tarde seguía lloviendo, nos fuimos de tour por el metro.



Esa noche me vi con una amiga que conocí en Brighton 6 años atrás, sigue igual de callada pero estuvo chevere volverla a ver y después de comer fuimos a echarle un vistazo a la iglesia de la piña de noche :)

En Moscú hay unos edificios llamados las 7 hermanas moscuvitas que son unas torres de estilo Stalinista (como en forma de torta de matrimonio). La más grande de estas torres es la que le pertenece a la Universidad Estatal de Moscú, pero como son tan parecidas cada vez que yo veía una le preguntaba a Gustavo, es ese el edificio de la universidad, no, ese no es, ahh; le pregunte tanto que el último día me llevo a verlo. Y por supuesto es otro monstruo soviético que da susto y parece que se lo fuera a comer a uno, según me contó Gustavo son residencias estudiantiles de mala reputación.

De ahí me llevo a ver la estatua de Gary Gagarin y luego me acompaño a coger mi tren. Gracias Gustavo por el super tour que me dio y por lo bien que la pasamos.

Le tenía un poco de mala disposición a Moscú, sabía que era enorme y un poco agresiva, pero me gustó mucho y me hubiera gustado pasar más tiempo allí. Con sus mercados en todo lado, mezcla étnica, gente viviendo del rebusque, perros en la calle y combinación de arquitectura soviética y rusa tiene algo muy especial que no tiene ninguna otra ciudad de Europa.

Mi siguiente destino es una ciudad llamada Vladimir, donde pasaré un par de noches y dejare este ritmo tan frenético de viaje.

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